Preludio

Septiembre, vuelta de vacaciones, se percibe el regreso en el trajín de coches, los cláxones estrepitosos, el olor a gasolina y pedal quemado; en el ir y venir de gentes por los pasillos del metro, los vagones atestados, las caras somnolientas y ojerosas; las cafeterías-pastelerías del barrio también se han transmutado, desangeladas hasta esta semana o moteadas apenas por un puñado de ociosos que estiraban el tiempo leyendo el periódico y dándole vueltas al café con la cucharilla. Ahora se ve en la barra una fugaz presencia que sorbe con prisas el expreso recién preparado, humeante; el plato con el croissant y los cubiertos ha sido reemplazado por una bolsa de crujiente papel blanco, indicador fiable de un “para llevar” mudo. El tiempo, ralentizado durante el mes de agosto, vuelve a discurrir, pareciera incluso que acelerado, caótico, trastabillante.

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