Interrogantes

¿Cuántas veces, cada día, nos preguntamos, dudamos, interrogamos a los demás? Es imposible determinar el número; son muchas, en  cualquier caso. Algunas preguntas responden a interrogantes cotidianos, del día a día, ¿qué hago para comer o cenar hoy? ¿Qué tengo previsto para esta tarde? ¿Quedamos, nos vemos, salimos, a qué hora, dónde?

Algunas otras podrían llamarse existencialistas si no fuera porque el apelativo, con el tiempo y tras pasar por la pluma de Sartre, ha adquirido ciertas connotaciones pedantescas. Más allá de las disquisiciones a modo de soliloquio que todos tenemos alguna vez, en las que intentamos responder al eterno interrogante del “quién soy yo”, están esas batallas, perdidas de antemano, en las que nos vemos inmersos sin poderlo remediar: las desviaciones, los cruces de camino; las elecciones al fin, mitad anhelo, mitad desvelo. Elegir, ¡qué ciencia tan complicada, tan inexacta, tan pavorosa! En el diccionario, la descripciòn de su sentido es irreprochable e inequívoca: “Escoger, preferir a alguien o algo para un fin”. Pero, ¿estamos alguna vez tan seguros de nuestra elección como para “escoger” o “preferir”? La mayor parte de las veces nos quedamos con el “y si” en los labios y con otro interrogante: “¿No hubiera sido mejor elegir, justamente, la otra opción? ¿Qué hubiera pasado si…?” Habitualmente, conseguimos convivir con esos aprendices de incógnita que quedarán, para siempre, sin respuesta, sin nombre, sin entidad. Por el contrario, cuando se nos clava en el corazón, cuando duele, lo llamamos “arrepentimiento” o, incluso, “remordimiento”; yo, tal vez por esta afición que tengo de jugar con el lenguaje, prefiero denominarlo “lamento”, por esa cualidad que tiene este término para evocar la inutilidad del reclamo.

Se me ocurre que estoy dejando fuera una tipología de dudas tan frecuente como las ya mencionadas: las que responden a miedos, a deseos, a tentaciones; éstos son, si me permite el teclado escribirlo, metainterrogantes: la vida se encarga de responderlos; mentalmente, sólo podemos elaborar hipótesis. Con cierto atrevimiento, incluiría bajo este epígrafe esas demandas mudas que le hacemos al teléfono, al buzón de correo (digital o físico), al chat del móvil, a las puertas cerradas, a un tercero desconocido o ausente: petición, súplica, ruego o solicitud de amor, de atención, de saber, de empleo, de fortuna. Os parecerá osado que mezcle elementos tan dispares bajo el mismo epígrafe; y, sin embargo, la inquietud que despiertan es la misma, la respuesta que buscan es idéntica: hablan sobre la posibilidad de tener y el desasosiego frente a la pérdida.

Debería concluir esta entrada con una pregunta, sería lo más apropiado. Por que cuando dejamos de preguntarnos, estamos muertos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s