De prejuicios y paradojas

Hoy os voy a contar un cuento, como aquellos que nos leían cuando éramos pequeños, o, al menos, de aquellos que nuestros padres nos han dicho que nos leían en voz alta o que se inventaban para hacernos callar e inducirnos al sueño; yo no me acuerdo de que lo hicieran pero es hermoso pensar que se sentaban en el borde de la cama y nos regalaban un puñado de minutos nocturnos, cuando también a ellos se les cerraban los párpados de cansancio.

Podría empezar como antaño comenzaban todos los cuentos, con ese “Erase una vez” tan evocador y sencillo que conseguía trasladarnos a un mundo de fantasía poblado de seres fantásticos en el que siempre había un final feliz, con perdices o sin ellas. El principio de todo, el ser por primera vez, la posibilidad de existir. Hagámoslo así.

Erase una vez una persona. Sí, una persona, una cualquiera, alguien como tú o totalmente diferente a ti o todo lo contrario. Sencillamente, un ser humano; de edad indeterminada; mujer u hombre; anciano, adulto o niño; blanco o negro; oriental u occidental; religioso o ateo; de cualquier clase social o tendencia sexual; propietario o nómada; de belleza atenta o distraída.

Te lo tienes que imaginar, píntalo en tu cabeza, dibújalo, créalo.

¿Tienes una imagen en la cabeza? Si la respuesta es afirmativa, continúa leyendo. Si no, esfuérzate un poco más, hasta que tengas a esa persona desconocida en la mente.

¿Ya?

Yo tengo la mía, no te creas que voy a hacer trampa.

Ahora te hago una pregunta, contesta con sinceridad; si mientes, te estarás engañando a ti mismo, es un juego absurdo.

¿Qué piensas de esa persona?

Puedes enumerar, rasgo a rasgo, todo lo que se te ocurra, sean características psicológicas o morales, hábitos, aptitudes, formas de ver la vida, creencias… Todo lo que se te ocurra. Haz una lista si son muchas, pon un poco de orden en el caos de la lluvia de ideas.

¿Lo tienes?

Todo lo que aparece en esa lista son juicios previos, es decir, prejuicios. No tienen por qué ser negativos pero siempre son, en realidad, hipótesis, generalizaciones, abstracciones.

Quizás, ahora, podamos empezar de nuevo este cuento: “Erase una vez una persona, una persona como tú, una persona como yo”.

Anuncios

Un comentario en “De prejuicios y paradojas

  1. Es cierto, y en esos cuentos vivimos, siempre plagados de hipótesis, que si bien nos permiten sobrevivir, nos haces perder momentos y personas, Mejor escuchar y sentir.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s