Jugando con Google al Doodle

Hace unos días, el otoño destronó al verano en el calendario. Me enteré por Google, como me pasa con tantas efemérides, unas más interesantes que otras: abro el buscador para teclear algo y ahí está el cambiante logo del gigante de Internet –“Google Doodle” parece ser el nombre con el que lo han bautizado- informándome de que hace 124 años nació futanita de tal o que empieza el campeonato mundial de waterpolo o, como fue el caso el pasado día 23, que celebrábamos el equinoccio de otoño.

Es curioso el tirón que tiene Google. Reconozco que los diseños del logo me suelen resultar muy atractivos aunque es raro que pinche para que me ofrezcan los resultados relacionados con él: me gusta pero no me interesa. Acabo de consultar en el propio buscador el día en el que entró la nueva estación y me he encontrado con un buen puñado de noticias, de diferentes medios nacionales, en las que se habían hecho eco del Doodle otoñal. Me pregunto, ojiplática, si el diseño del logo de Google puede ser –o, de hecho, es- noticia.

Claro que, hablando de noticias, prefiero que los medios recojan y publiquen textos sobre los arbolitos de hojas macilentas creados por los ingenieros de Google que encontrarme con las mal llamadas noticias que ofrece Yahoo! en su página de bienvenida: innumerables veces me he planteado cambiar de proveedor de correo electrónico sólo para ahorrarme su mera visión. Todavía no he conseguido encontrar a alguien que pinche y lea –esta segunda parte es la fundamental, casi todos picamos alguna vez y pinchamos sobre la foto o el texto- las pseudonoticias de estrambóticos titulares que nos ofrece Yahoo! Aunque, me asalta la duda, puede ser que con éstas suceda el fenómeno contrario al de los documentales de animales de La2 de después de comer: nadie reconoce verlas pero todo el mundo, a hurtadillas, las lee.

He empezado hablando del otoño y, como siga por este camino, voy a terminar hablando de la indecente longitud del vestido de cóctel de Angelina Jolie, según los redactores de Yahoo! Me pregunto si la revista Cuore y Yahoo! comparten plantilla de redacción. A propósito que siempre había pensado que los periodistas que escriben para la Cuore –sé que debería de eludir escribir el “la” porque atenta contra la gramática del castellano pero perdería ese aire de maruja trasnochada que le va tan bien-; decía que la imagen que yo tenía en la cabeza de los redactores de la Cuore era una mezcla de envidia y goce por omisión: se lo tienen que pasar pipa escribiendo los artículos. Pensaba yo así hasta que, casualmente, hablando de esto y aquello alguien, no recuerdo quién, me dijo que la redacción de la revista se parecía más a una funeraria que a la fiesta que yo me había imaginado. No sé si mi fuente de información era fidedigna, de ahí que os pida que le déis el crédito que puede merecer un rumor cualquiera. La cuestión es que, desde aquel día, cuando alguien menciona la Cuore, me imagino una redacción silenciosa y aburrida en la que unos redactores con cara agriada hacen, reluctantes, montajes de bocadillos sobre fotografías con los que, días más tarde, los lectores se desternillarán de risa. Paradojas de la creación, supongo.

Para terminar esta entrada, quería celebrar el nuevo Doodle de Google así que he abierto el navegador, antes de teclear la url de este blog, y ¡oh, terrible decepción, me he encontrado con el –ahora- aburrido logo de toda la vida! Me siento tentada a abrir mi correo de Yahoo! para intentar superarlo.

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