Dando vueltas por el mundo (Viajar, ver, descubrir, sentir II)

Budapest (Hungría)

El Danubio a su paso por Budapest (Hungría)

Me encanta preguntarme por el porqué de las cosas. Suena a frase hecha o a título de película de Isabel Coixet, lo sé; aun así, la he elegido cuidadosamente. El porqué de las cosas, esas razones que, en una época muy concreta de su vida, se preguntan todos los críos: nosotros también lo hicimos años ha aunque apenas nos acordemos. Preguntábamos hasta hartar a los adultos; hasta dejarles sin respuestas, verdaderas o inventadas; hasta que nos mandaban callar, que es la única forma que, a menudo, encontramos para contestar lo que ignoramos. No es una respuesta, es un sistema de autodefensa, llamémoslo, espontáneo.

La anterior entrada de este blog era una encuesta sobre viajes, sobre los que ya hemos hecho y los que queremos hacer, sobre lo que sentimos cuando esperamos que llegue la fecha de partir, sobre las vivencias que tenemos y los recuerdos posteriores. Prometí comentar en estas mismas páginas virtuales el resultado, en forma de gráfico, dije. Me retracto, con vuestro permiso; voy a eludir los fríos datos, las proporciones de colores en el quesito, las barras que miden si la mayoría eligió la respuesta A. o la C. Prefiero dejar hablar a las palabras, menos exactas, más dicharacheras, mucho más cercanas. Hice la encuesta pensando en descubrir el porqué de los viajes –los que la hayáis contestado habréis comprobado que me lo pasé bien redactándola, inventando respuestas, jugando con las opciones-. No buscaba una respuesta definitiva ni unívoca: si se hubiese dado, me hubiera sentido defraudada. Quería, más bien, abrir nuevas incógnitas, descubrir que otras personas viajan por razones diferentes a las mías, que cada viaje es inclasificable, que en nuestro afán por conocer, por salir de la rutina, por soñar, siempre teníamos un viaje en mente, un recorrido por delante, una singladura improbable (imposible no hay nada hasta que un puñado de polvo y tierra nos tapa la boca).

Budapest (Hungría)

Mujeres con paraguas (escultura) en Budapest, Hungría.

Viajamos por tantos motivos que, si me pusiera a escribirlos, la lista sería interminable, no me quedaría más remedio que colocar tres puntos suspensivos al final. Así que nada de listados, tan sólo comentarios al aire.

Por mucho que se haya viajado, por mucho que se conozca ya, parece que siempre queda algo pendiente: un continente, un país, una ciudad, un lugar, por remoto o pequeño que éste sea; la cima de una montaña, las profundidades de un volcán; un museo, un monumento, un trocito de historia, de pasado, de logro o de miseria; un paisaje que nos abrirá, un poco más, los ojos. Al contrario de lo que pudiera parecer cuando contamos en el calendario los días que faltan para las ansiadas vacaciones, no esperamos con impaciencia, no vamos tachando plazas conquistadas ni pisoteamos el mapa de lo recorrido cual hunos de camino a la batalla. No, no queremos viajar así, nos gusta más soñar con esos cuarenta sitios que, de momento, no podemos alcanzar, por falta de tiempo o de dinero; nos entretenemos considerando si volver a aquellos lugares en los que estuvimos hace años, para ver si han cambiado como lo hemos hecho nosotros; o esos otros que nos dejaron tan buen recuerdo; o aquellos que nos sorprendieron o los que no entendimos o los que se quedaron a medias porque hizo mal tiempo o porque no esperábamos que hubiera tanto que ver.

Orgósolo (Cerdeña)

Mural pintado, Orgósolo (Cerdeña)

Nos paramos delante del globo terráqueo, del mapamundi o de Google maps y hacemos girar, con la mano o con el pensamiento, la gran bola achatada que es la Tierra. Los colores de cada nación giran, las banderas, las fotografías que hemos visto, los relatos que hemos leído, las historias que nos han contado. Hasta que se para en un punto. Nuestro próximo destino. Ya lo tienes. Pero, espera un poco, no continúes, disfrútalo antes de empezar a organizar, paladea el regusto de su nombre, su sonoridad, cada una de las letras que lo componen. Cierra los ojos, no pienses, permite que la promesa de lo que vas a vivir comience a hacer efecto en tu mente. Ahora sí, estás preparado. Bon voyage!

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