Sebastião Salgado

La esencia muchas veces está en las curvas, en las vueltas que das, no en la línea recta.” 

Sebastião Salgado

Sebastiao Salgado en La sal de la tierra

Sebastião Salgado en un fotograma de “La sal de la tierra”, de Wim Wenders (www.le-pacte.com)

Tiene 70 años, la mirada intensa, penetrante, y una forma de hablar pausada, de una cadencia lenta, tanto en brasileño como en francés. Nació en la región de Minas Gerais, lugar donde se aúnan las plantaciones de café y los extensos campos de soja con la extracción de minerales de las profundidades de la tierra. Fue allí donde se crió y a donde regresó décadas más tarde para hacerse cargo de la finca paterna. Cuando la dejó, de joven, los animales pastaban y la vegetación era exhuberante; cuando regresó, la sequía había arrancado cualquier reminiscencia verde y, ante los ojos del visitante, se abría un paisaje yermo, polvoriento y amarillo.

Proyectos

Junto a su mujer, Lélia Wanick -la idea del proyecto, tengo entendido, fue suya-, Sebastião puso en marcha una tarea titánica: repoblar de árboles, de mata atlántica, concretamente, unas 600 hectáreas de terreno. Este proyecto, conocido con el nombre de Instituto Terra, fue el que hizo que la ilusión, las ganas de vivir, volvieran a crecer en el maltrecho corazón del fotógrafo brasileño. También fue el origen de su último viaje fotográfico, “Genésis”, una década descubriendo la vida en recónditos lugares del planeta: las islas Galápagos; los glaciares de Alaska; elefantes africanos, leopardos, leones de la sabana; comunidades humanas que aún mantienen un modo de vida centenario como los korowai de Papúa Occidental o los nenets del Círculo Polar Ártico; la península de Kamchatka, los ríos de la selva amazónica y tantos otros.

Sebastião Salgado,

Sebastião Salgado, fotografía perteneciente al proyecto “Génesis” (©Sebastião Salgado)

La sal de la tierra”

Existen muchas biografías sobre  Sebastião Salgado, entrevistas en prensa, vídeos colgados en cientos de páginas y libros que hablan sobre él y su fotografía. Dudo mucho que pueda aportar algún dato nuevo a esta ingente masa de información. Están también sus libros de fotografía, en gran formato, editados por la agencia que él mismo y su mujer montaron y han llevado de forma totalmente independiente, Amazonas Images: “Sahel“, “Trabajadores“, “Éxodos” y un puñado más. 

Wim Wenders, el director de cine alemán que nos sorprendió hace un par de años con un bellísimo documental sobre la bailarina “Pina” (Bausch), se ha sumado a la lista de reconocidos admiradores del fotógrafo. “La sal de la tierra” es el resultado de este interés, un documental sincero, bello y sin artificios que acerca al artista brasileño, a su familia, su historia y sus fotografías al espectador. Como Salgado, Wenders es un mago de la cámara, en su caso la de cine. Ha elegido contarnos la vida de un fotógrafo a través de su obra, a través de sus fotografías, por orden cronológico, sin misterios ni sorpresas, mayoritariamente en blanco y negro, como toda la obra de  Sebastião.

Wim Wenders y Sebastião Salgado en un fotograma de

Wim Wenders y Sebastião Salgado en un fotograma de “La sal de la tierra” (www.le-pacte.com)

La mirada que hay detrás

Sabiduría y paciencia, ambas palabras me vienen a la cabeza cuando recuerdo la imagen del fotógrafo frente a la cámara del cineasta alemán. También veo humildad y humanidad, muchísima humanidad. Esas son las sensaciones que tengo cuando veo en pantalla al fotógrafo, bien con la cámara en la mano, bien comentando su propia obra, bien esperando que un vacilante oso polar se acerque, un poco más, al objetivo de su máquina fotográfica.

Sin pretender agotar las cualidades del personaje, sus decenas de facetas diferentes ni todo aquello que nos es ajeno como personas desconocidas que somos, pienso, al ver su imagen nítida frente al objetivo: este hombre se ha nutrido de paciencia, de ilusión, de sufrimiento y de dolor; ha vivido durante décadas en un estado constante de incertidumbre personal, económica y política; ha arriesgado su vida para retratar el hambre, la inmigración, la lucha por la supervivencia, la muerte.

Si intento explicarme qué le ha llevado a vivir de la manera en la que lo ha hecho, me topo con la imposibilidad de contestar: ¿es un aventurero? ¿Un testigo de la realidad? ¿Un desenmascarador de hipocresías? No lo sé, tal vez una mezcla de las tres y de alguna otra más que se queda en el tintero. Es entonces cuando pienso que la respuesta que estoy buscando es, más bien, otra pregunta: ¿y por qué no?

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