Cuerpo, cuerpos

Restos de un graffiti a orillas del Sena (París)

Restos de un graffiti a orillas del Sena (París, Francia)

Tema manido éste del cuerpo, de su representación, de su uso comercial y publicitario, de su explotación, de su exhibición. Aunque no por trillado es menos complejo. Diría que el cuerpo es una realidad caleidoscópica: propio o ajeno, hermoso o deforme, puro u obsceno, tangible o soñado. La percepción que tenemos del cuerpo es, curiosamente, parcial. Pareciera que buscáramos incansablemente la objetividad en cada uno de nuestros gestos, el tono científico, el justo medio, y, sin embargo, derrochamos injusticia frente a ese objeto de deseo o repulsa que es nuestro cuerpo (y el de los demás).

La apariencia del cuerpo depende de factores biológicos, culturales y hasta ideológicos. Pequeño, blando, en formación, en el caso de los bebés y los chiquillos; nos atraen y nos repelen a partes iguales, por su juventud, por la promesa de vida que guardan y, justamente por lo contrario, por esa cualidad de estar inacabado, de ser en potencia. Elástico o grueso –de carnes tersas en cualquier caso- en el adolescente, durante la juventud. En la madurez se entabla la lucha entre lo que aún se sostiene por sí mismo y lo que ya empieza a perder flexibilidad. La ancianidad, la vejez, lo encuentra arrugado, con la piel flácida, de vello escaso. El último paso es su desaparición.

En cuanto al ámbito cultural, el cuerpo tiene una lectura evidente. Habla de dónde y cómo vivimos, de cuál es nuestro nivel social, de a qué nos dedicamos. Quedan en él las huellas del desarrollo económico, las de la desnutrición, las del campo o la ciudad, las de la pobreza, las de la práctica de deporte, de la dieta y de los productos de higiene y belleza que podamos utilizar. También lleva las marcas de accidentes, de golpes, de intervenciones quirúrgicas. Nuestro cuerpo es, como nosotros, historia pero, a diferencia de lo vivido, que ha de narrarse, se cuenta a sí mismo.

El cuerpo nos muestra a los ojos extraños y a los propios, nos representa y nos desvela, nos descubre; balbucea, exclama, grita quiénes somos, cuáles son nuestros pensamientos, en qué creemos. Un piercing, un tatuaje, el corte de pelo, unas rastas, el vello crecido en las axilas, la depilación completa de todo el cuerpo: somos lo que mostramos no sólo lo que afirmamos ser. Vestimos nuestro cuerpo, cubrimos nuestras cabezas, construimos nuestra imagen a base de complementos. En ocasiones, la ausencia es la que dialoga o cuchichea con “el otro”: el desnudo, el juego de las formas, lo apenas mostrado, lo impúdicamente expuesto.

Graffiti en el barrio de Conde Duque (Madrid)

Graffiti en el barrio de Conde Duque (Madrid, España)

Soy mi cuerpo, eres tu cuerpo. No quedará más remedio que llevarse bien. Si le maltratamos, sufre. Si le mimamos, nos conforta. Pero si esperamos que sea perfecto, nos defraudará. Y no por ello va a dejar de ser nuestro cuerpo, nuestro representante ante los ojos de los demás, ante nosotros mismos, frente al espejo.

Mi cuerpo no es perfecto. Pero es mío, soy yo. Me basta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s