El Teide, viaje entre simas, valles y barrancos

El Teide desde la falda de Pico Viejo (Tenerife, islas Canarias)

El Teide desde la falda de Pico Viejo (Tenerife, islas Canarias)

Silencio. Ni siquiera se oye el ulular del viento. Un páramo de rocas de apariencia arcillosa y un mar de lavas negruzcas; al fondo, por encima de Pico Viejo –montaña Chahorra-, la cima nevada del Teide, sobresaliendo majestuosamente de entre un mar de nubes que no alcanzan a cubrir su cumbre. La isla de Tenerife, con su caprichosa forma en “l” invertida, se eleva por encima de los 3.700 metros y parece rendir pleitesía, desde los cuatro puntos cardinales, a la antigua morada de Guayota, el demonio de los guanches, los pobladores primigenios de la ínsula.

Echeide, nombre guanche del que proviene el actual de Tenerife, se ha ido formando, desde el fondo del océano, por acumulación de lavas. En los relativamente pocos kilómetros cuadrados que ocupa la isla, se dan cambios paisajísticos tan bruscos que al visitante no avisado le da la sensación de que está viajando en el espacio y el tiempo (el sueño de algunos sin necesidad de revoluciones técnicas aún inalcanzadas). La conjunción de su origen volcánico con un clima cálido y templado producen las variantes más inverosímiles: acantilados abruptos, montañas de frondosa vegetación, playas de arena negra, yermos llanos terrosos y polvorientos, salpicados de pinos, cáctus, retama o tajinaste rojo.

El Teide domina la isla aunque, a menudo, se esconde entre nubes o niebla. En invierno, el pico está cubierto de nieve a la que los rayos del sol arrancan brillos iridiscentes. Por debajo, gamas de marrones, rojos y amarillos se despliegan como si hubieran sido pintados por el pincel del último Turner.

El Teide coronado de nubes

El Teide coronado de nubes

Desde el sur

Todos los caminos parecen llevar hasta él excepto la autovía que dibuja una semicircunferencia alrededor del parque nacional y la Corona Forestal –parque natural-. Se puede acceder por el sur, desde Granadilla de Abona o desde Arona, ambas poblaciones a mitad de camino de Vilaflor, frontera natural del parque. La carretera discurre sinuosa en tranquila pendiente ascendente entre cultivos, arbustos y conjuntos arbóreos discretos hasta que empieza a recorrer los barrancos del Rey, de la Fuente y de los Frailes, entre otros. Conviene ir despacio para disfrutar del paisaje y para evitar pasar de largo los miradores que, de cuando en cuando, aparecen en todas las vías de acceso al pico; a propósito que los miradores, donde se puede dejar el coche, suelen ser inicio de rutas de senderismo –bien señalizadas- de mayor o menor dificultad. Poco antes de llegar al cruce de la TF-21 –la que nos está acercando al centro de la isla- y la TF-38 (dirección Guía de Isora), está el mirador de Las narices del Teide que ofrece una impresionante estampa del mar de lavas negras, de Pico Viejo y del mismo Teide.

Si no queremos acceder al volcán, podemos continuar atravesando el mar de lavas: la mano del hombre ha abierto en canal un camino asfaltado entre las lavas petrificadas. Unos pocos kilómetros más allá, las laderas de Pico Viejo empiezan a verse salpicadas por el verdor –más oscuro en los ejemplares más antiguos, amarillento en los recientes- de centenares de pinos canarios que resaltan sobre los tonos ocre y tierra. Después la carretera desciende hacia la costa, de nuevo, y las tierras del sur, envueltas en plásticos opacos que componen centenares de invernaderos, se abren ante nuestros ojos acostumbrados ya a dibujar la línea del horizonte en el infinito.

El camino nos llevará hasta el acantilado de los Gigantes desde donde podremos seguir rumbo Santiago de Teide y, desde allí, tomar la increíblemente retorcida carretera a Masca, un pueblo pintoresco hundido entre el barranco que lo nomina y el barranco Madre del Agua. La carretera continúa hacia Buenavista atravesando el parque rural de Teno.

Barranco de Masca (Tenerife

Barranco de Masca (Tenerife

Desde el noroeste

Dejando atrás las muy turísticas playas del sur, nos encaminamos hacia Puerto de la Cruz pasando por una población que aún conserva el encanto de tiempos pretéritos, Garachico, y la afamada Icod de los Vinos, donde plantó sus raíces, hace unos 3.000 años, el drago milenario. El acceso al Teide desde esta parte de la isla nos lleva hacia La Orotava. La carretera discurre, en este caso, entre una frondosa vegetación que consigue tapar, a menudo, la entrada de la luz del sol. Es bastante probable que, durante el ascenso, encontremos niebla. En pleno invierno, pese a la imagen idílica que se tiene de las Canarias, islas de sol y playa, es bastante probable que hiele en estas zonas de alta montaña. Si se empieza la ascensión temprano, se puede ver cómo el hielo se va convirtiendo en vapor de agua creando un efecto de lluvia invertida.

El drago milenario (Icod de los Vinos, Tenerife)

El drago milenario (Icod de los Vinos, Tenerife)

Tras la subida, llegamos al centro de interpretación del parque, El Portillo. A partir de este punto, desaparece la vegetación exuberante de la Corona Forestal y comienzan a verse las planicies y roquedos propios de una zona volcánica. En primavera, la flora propia de estas tierras florece y pinta de vivos colores la superficie un tanto lunar que se presenta ante la vista durante el invierno.

Esta entrada del parque nos lleva por paisajes de una belleza que algunos pueden encontrar aséptica: montes pelados, pedruscos dispersos, amontonamientos naturales de tierra, algunas plantas grisáceas propias de zonas semidesérticas. La ruta nos lleva en dirección a la Llanura de Ucanca pasando por el acceso al teleférico –que nos acerca a la cumbre del volcán a la que sólo se puede acceder previa solicitud de un permiso especial al Cabildo- y Roque de los Muchachos, un singular conjunto de formaciones rocosas que no vuelve a repetirse en todo el parque y que, por esta razón, podríamos imaginarnos que han sido colocadas por algún gigante aburrido y travieso.

Roque de los muchachos (parque nacional del Teide, Tenerife)

Roque de los muchachos (parque nacional del Teide, Tenerife)

Desde el norte

Si evitamos volver por la misma carretera, aún podemos coger otra vía, la que une el pico con La Esperanza y La Laguna y nos acerca a la capital, Santa Cruz. Probablemente ésta sea la travesía más espectacular, especialmente en su parte más elevada, una vez dejado atrás el observatorio astronómico de Izaña. Hay que poner el coche al ralentí y parar en todos los miradores para poder disfrutar del mar de nubes que se extiende por debajo de nosotros, para quedarse boquiabiertos con la extensión y belleza del valle de La Orotava, para sentir vértigo al ver la caída casi vertical del valle de Güimar.

Durante el descenso, el mar de nubes empieza estando por debajo de nosotros: nos sentimos en la cúspide, dueños de un pedacito de cielo; a medio camino, lo traspasamos, convertido en una densa niebla que abraza la abundante vegetación que bordea la carretera. Hacia el final, después de una curva, de repente, vuelve a brillar el sol, la niebla y las nubes desaparecen, la atmósfera irreal que hemos traspasado desaparece mágicamente. Me atrevería a decir que son estos contrastes, tan radicales, los que más sorprenden: del sol a la niebla, del calor al frío, de la brisa al vendaval, de la vegetación propia de un desierto a masas arbóreas tan densas que no permiten ver unos metros más allá de donde estamos.

Mar de nubes (parque nacional del Teide, Tenerife)

Mar de nubes (parque nacional del Teide, Tenerife)

Abandonamos las Cañadas del Teide para desembarcar en San Cristobal de La Laguna, ciudad histórica, de ambiente universitario, patrimonio de la Humanidad según la UNESCO. Hacia el norte, Las Mercedes y el parque rural de Anaga. Hacia el Oeste, poblaciones que bajan hasta la costa por calles empinadas que conservan el encanto previo a la explotación urbanística de las últimas décadas: Tacoronte, El Sauzal o Matanza de Acentejo. Hacia el Este, la capital, Santa Cruz, urbanizada a machetazos aunque en ella aún se pueden encontrar algunos bellos rincones: el mercado de La Recova, la plaza de los Patos con sus bancos de azulejos, la plaza de San Francisco con sus casas del siglo XVIII cuidadosamente restauradas o el parque García Sanabria, a modo de jardín botánico en mitad de la ciudad. De vuelta al sur por la costa este, la autopista nos conduce a Candelaria, ciudad de la patrona de Canarias, y a Güimar, pueblo bien conservado con una zona portuaria echada a perder por la explotación turística, y un curioso volcán moteado de vegetación propia de la isla que conforma el llamado Malpaís de Güimar.

San Cristobal de La Laguna (detalle de una casa, Tenerife)

San Cristobal de La Laguna (detalle de una casa, Tenerife)

De vuelta al sur, intentando aparcar en algún lugar de Playa de las Américas, Costa Adeje o La Caleta para poder comer algo, recorro con sorpresa y tristeza las atestadas avenidas, llenas de bloques de apartamentos y hoteles. La mayoría de los tinerfeños vive de este turismo de sombrilla, sol, deportes náuticos y visitas al zoo –que aquí se llama Loro Parque-. En esta zona aparecen los comercios de postales, colchonetas hinchables y camisetas con mensajes del tipo “I love Tenerife”; los restaurantes que ofrecen un batiburrillo gastronómico que pretende contentar a nacionales y extranjeros; las oficinas empapeladas de publicidad en las que se venden excursiones empaquetadas y tickets para, pongamos, el parque acuático. Reconozco que el mal gusto no ha vencido como en otros lugares costeros de la península; la explotación turística se ha quedado a medio camino entre el respeto del entorno y el negocio lucrativo. Aún así, me disgusta este teatro de lo kitsch que se presenta, desnudo, ante mis ojos.

Giro sobre mis talones, doy la espalda al océano y miro hacia el centro, hacia las profundidades de la tierra. El pico del Teide no se vislumbra, lo esconden las nubes y la distancia. Lo dibujo en mi recuerdo, ese mastodonte emergido de entre las aguas en el que habita un dios colérico que, de momento, descansa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s