Por qué bañarse en petróleo es más barato que echar gasolina al coche

Pintura mural en Orgósolo (detalle) (Cerdeña)

Pintura mural en Orgósolo (detalle) (Cerdeña)

Lleva siendo noticia varios meses pero, últimamente, los medios de comunicación no especializados le están prestando más atención. El barril de Brent ha sobrepasado la barrera de las páginas salmón de los diarios económicos para colarse entre las páginas de política internacional e, incluso, nacional. Como consumidores, hemos notado una leve bajada del precio del litro de gasolina (o gasóleo) aunque  muy por debajo del porcentaje de descenso del precio del barril –que lleva acumulada una caída superior al 40% desde los “máximos” de junio de 2014-.

Los portavoces de las compañías petroleras explican este desfase con la cantinela habitual: el precio que el consumidor final paga por el litro de gasolina responde, en su mayor parte, a la onerosa carga de los impuestos. Culpa del gobierno, entonces. ¿Respuesta de nuestros dirigentes, con el ministro de Economía al frente? Las petroleras están sacando provecho del desfase, de la caída a plomo del precio del Brent y del suave planear del descenso del coste del litro de gasolina. La cuestión es que me he puesto a hacer cuentas y las cifras no me cuadran. Será que no soy economista. Lega en la materia, he sacado la calculadora y he hecho dos sumas y dos divisiones de lo más sencillas. El resultado habla en contra de lo que afirman las compañías, sin negar, por supuesto, el maná de ingresos que suponen los hidrocarburos para el Estado (y las Comunidades).

Entre el 42% y el 47% del precio del litro de gasolina o gasóleo (depende del producto) corresponde a impuestos: el especial de hidrocarburos, el IVA –del 21%- y otros –menores- que varían según la comunidad autónoma. O sea, que algo más del 50% es el coste más el beneficio de la petrolera. De este porcentaje, algo menos del 10% se puede contabilizar como costes fijos. De acuerdo. Redondeemos, para mayor comodidad: la parte “libre” del precio del litro que queda para la empresa distribuidora es de un 40%. En la calle, en las gasolineras, el litro de gasolina o gasóleo varía según el punto de venta y la localidad donde se eche pero, pongamos, que está a 1,12€/l. –dato actualizado ayer por la mañana-. La última noticia que he visto publicada, informaba de que el barril de Brent ha bajado de 50 dólares.

Desglose del precio de la gasolina en España (2012)

Gráfico en el que se puede ver el peso de los impuestos en el coste total de la gasolina y el gasóleo que paga el consumidor final (2012)

Barril de Brent: 159 litros.

Precio del barril de Brent: 50$.

Cotización euro/dólar: 1,20 (redondeando, encareciendo el euro; está a 1,18 ahora mismo).

Precio de la gasolina: 1,12€/litro.

Convirtiendo los dólares en euros (un 20% de pérdida de valor) y aplicando sólo el 40% del precio del litro (que es lo que saca la petrolera, según hemos comentado más arriba), a mí la cuenta que me sale es que el consumidor está pagando  el barril de Brent, a la compañía, a 142€. El coste, en el mercado internacional, es inferior a 60€. Alrededor de un 135% de diferencia. A primera vista, parece un negocio bastante rentable. Aunque es posible que me equivoque y que los costes de las petroleras sean exhorbitantes. Tal vez deberíamos preguntarles a los accionistas; parece ser que dentro de unos días estos inversores van a cobrar dividendos superiores al 5,8% -en el caso de Repsol, la mayor petrolera nacional-, una de las cifras más elevadas del IBEX-35 –junto al Santander y Telefónica- y, por tanto, de la Bolsa española. Claro que el beneficio de la empresa seguro que no proviene de su negocio principal, la distribución y venta de gasolina, sino de ciertas operaciones de diversificación de su actividad en ¿América del Sur o China, tal vez?

A propósito que, curiosamente, y de nuevo en contra de las alegaciones de las petroleras, en España el precio para el consumidor final de los diferentes productos derivados del petróleo es superior a la media europea antes de impuestos pero inferior a esa misma media después de impuestos. Podéis ver las cifras en las tablas publicadas por la comisión de energía de la UE: antes de impuestos y después de impuestos.

¿Puede algún responsable de alguna compañía petrolera explicarme, de nuevo, lo constreñidas que están las empresas entre el precio que impone el mercado al crudo y los impuestos con los que les carga –nos carga, en realidad, a los consumidores- el gobierno?

Podemos estar dándole vueltas al asunto ad infinitum y mareando las cifras todo cuanto queramos porque lo que impera, desgraciadamente, es el secretismo, las cuentas poco claras y el que parece ser el deporte nacional: tirar la pelota al tejado de enfrente y mirar para otro lado.

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