Street Art

Los graffitis -el equivalente italiano a nuestra “pintada”- empezaron siendo palabras. Con el tiempo, se convirtieron en imágenes, en murales, en elaboradas obras plásticas. Hoy cotizan en el mercado del arte.

El mundo del grafiti en el siglo XXI (diversas fuentes, ver enlaces en la entrada)

El mundo del grafiti en el siglo XXI (diversas fuentes, ver enlaces en la entrada)

En la Italia del Imperio Romano, los muros de las casas y locales estaban atestados de grafitos en los que podía leerse desde una proposición sexual hasta una loa. En las iglesias románicas y góticas, los obreros de la época dejaban su firma o sus opiniones plasmadas en los monumentos religiosos a través de incisiones en la piedra. En nuestros días, los baños públicos, los bancos de los parques o las paredes de los bares han tomado el relevo.

De vandalismo a arte

Los antaño denostados grafitis se han convertido en tendencia “cool”, una nueva moda para vestir las desnudas y desencantadas paredes de hormigón de nuestras ciudades, promocionada y financiada por los propios ayuntamientos o juntas de distrito: los de Lisboa, Vitoria, Madrid o Viena, por mencionar sólo unos pocos. Antes se perseguía a los artistas callejeros, a los grafiteros, que solían actuar amparados por la oscuridad de la madrugada. Hoy cotizan en el mercado del arte con nombres tan conocidos como el de Keith Haring, Basquiat, Suso o Banksy, entre otros muchos, firmas que, desde el anonimato, han traspasado las fronteras de la clandestinidad.

Las figuras más conocidas han visto cómo sus nombres aparecían en los medios de comunicación, protagonizando artículos y reportajes sobre un arte que, hace apenas unos lustros, era perseguido y eliminado con la mayor celeridad. Muchos de ellos continúan escondidos tras pseudónimos y su apariencia física es desconocida. El propio Banksy continúa rehuyendo la luz de las cámaras y los objetivos de los aparatos fotográficos. En su original proyecto cinematográfico, “Exit Throught The Gift Shop”, aparece encapuchado y a contraluz; el espectador sólo percibe las formas de una sombra a la que pinta con ropas amplias, pantalón vaquero o de chándal y sudadera; probablemente, de mediana edad y, por qué no, pelo corto, algún pendiente y algún tatuaje. La imaginación habla –y prejuzga- cuando los ojos no pueden ver.

El del grafiti es un arte solitario, como lo son la pintura –sobre lienzo o papel- y la escultura. La imagen que muchos tenemos de pandillas de chavales que salen al anochecer a hacer pintadas y tajeos (firmas) por la ciudad no se corresponde exactamente con la realidad. En la mayor parte de los casos, los grafiteros actúan solos o, a lo sumo, comparten la superficie a pintar con otro artista del spray; al fin y al cabo, una obra original suele ser fruto de una única mente con un estilo muy personal.

Grafitis callejeros (anónimos) (Estambul, Viena, Estrasburgo, Madrid y Bratislava)

Grafitis callejeros (anónimos) (Estambul, Viena, Estrasburgo, Madrid y Bratislava)

Cada “street artist” tiene su propio estilo: las figuras realistas y un tanto poéticas de Banksy; los monigotes de Haring; las figuras rayadas del brasileño Nunca o los collage de personajes de animación inventados por Combo. La técnica también difiere de unos a otros: no siempre el spray de colores es el material elegido. Este es el caso del ubicuo “grafitero” francés autodenominado “Invader” o “Space Invader”: en su página web encontramos un mapa de los siete continentes en el que aparecen pequeños iconos “Invader” en cada una de las ciudades donde ha dejado su personal rastro de coloridos píxeles. Entrecomillo “grafitero”, en este caso, ya que utiliza pequeñas teselas, como las de las piscinas, para construir sus marcianitos.

Frente a este individualismo, surgen iniciativas colectivas de artistas que trabajan en proyectos conjuntos. Equipo Plástico ha llenado de explosiones de color los muros y paredes de decenas de edificios urbanos e, incluso, galerías de arte y el vestíbulo del Instituto Cervantes de Pekín. Más sorprendente aún, Sixeart, el artista más conocido del grupo Plástico, junto a otros renombrados grafiteros como Blu, JR u Os Gêmeos, “intervinieron” –en argot grafitero adquirido ya por la lengua estándar- la fachada y varias salas de la sobria y monocroma sede de la Tate Modern londinense para la exposición “Street Art” (2008).

Viendo los nombres de los grafiteros más conocidos, podríamos llegar a la conclusión de que es un universo masculino cerrado. La presencia femenina es más discreta pero ya hay un puñado de mujeres que han conseguido abrirse camino, incluso en ciudades como Kabul, la capital de Afganistán, donde se pueden ver decenas de murales de la grafitera iraní Shamsia Hassani.

Grafiti de la artista iraní Shamsia Hassani (Kabul, Afganistán)

Grafiti de la artista iraní Shamsia Hassani (Kabul, Afganistán)

Grafiti: producto de consumo

Es posible que la pintada, al reconocerse como arte, haya perdido buena parte de su carga de denuncia, social o política, según el caso. Tal vez ese sea el precio que hay que pagar por salir de la clandestinidad y, un poco más allá, por conseguir la tantas veces ansiada fama: el éxito se paga con dinero y el dinero no tiene interés en comprar la protesta; más bien, la subvierte y convierte en producto de consumo.

Cabe preguntarse si el arte del grafiti callejero ha perdido su esencia ahora que ha cruzado la borrosa frontera del mercado con mayúscula y ha pasado a ser un producto más del capitalismo, una creación “dentro” del sistema. De alguna manera, esta reflexión es la que realiza Banksy en el falso documental que hemos mencionado al principio de esta entrada, “Exit Through The Gift Shop”. El grafitero más famoso del mundo continúa luchando por ocultar su identidad y, de esta manera, suponemos, seguir siendo un creador libre, sin ataduras ni mecenazgos, lo que era cuando comenzó a pintar en las calles, lo que son todos aquellos grafiteros anónimos que embellecen y llenan de vida los grises y ocres muros de viviendas y fábricas, por el puro placer de crear, por lograr la admiración de otros seres, tan anónimos como ellos mismos: los viandantes, los habitantes de la ciudad, el pueblo, el barrio o la favela.

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2 comentarios en “Street Art

  1. Muy bien documentado, un tema polémico ya que como se hace en lugares públicos no autorizados pasa a ser vandalismo, además la mayoría son un horror, se puede abrir un debate.

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    • Creo que hay que diferenciar entre aquellos que se dedican a ensuciar el mobiliario público y los muros y fachadas de la ciudad con sus firmas y garabatos (tajeos) y los que, con un sentido estético y artístico, diseñan, esbozan, dibujan y pintan grafitis. Evidentemente, como también nos sucede delante de un cuadro colgado en un museo, en una galería o en casa de alguien, unos nos gustarán más que otros e, incluso, algunos nos entusiasmarán u horrorizarán. El arte es creación –libre, personal- y el gusto de cada cual define los sentimientos que tenemos frente a él.

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