User eXperience Low Cost

El low cost me hace sentir pobre. Antes de que apareciera el concepto “bajo coste”, los ricos eran los elegidos y el resto éramos gente normal, clase media, nuestros recursos eran limitados pero vivíamos con comodidad. Ese sentimiento ya es historia. Hoy en día, la carrera desenfrenada por “el más barato todavía”, la búsqueda del precio más bajo junto con la necesidad de alcanzar el nivel de consumo más elevado posible nos han llevado a sacrificar el concepto de bienestar y, digámoslo claramente, hasta a humillarnos. Gracias al “low cost” por fin me siento lo que soy: clase media empobrecida de espíritu y de bolsillo.

Viajar era un placer (antes del low cost)

Las promesas del viaje comienzan con una instantánea como ésta ( Sibenik, Croacia)

Las promesas del viaje comienzan con una instantánea como ésta ( Sibenik, Croacia)

En el siglo XXI, viajar ha dejado de ser un privilegio, todo el mundo puede cruzar el océano, recorrer miles de kilómetros o realizar tours por países exóticos. Cierto pero ¿cuál es el coste de esta democratización del turismo? Si escoges un crucero y ajustas tu presupuesto a los precios más bajos, esos famosos “desde XXX euros” de las campañas publicitarias, puedes estar seguro de que te van a asignar uno de los peores camarotes, ese tamaño caja de cerillas, sin ojo de buey ni vistas ni ventilación tan siquiera. Es más, a poder ser que esté ubicado al lado de las máquinas, a ver si con suerte no pegas ojo por la noche. De esta manera, amortizas mejor el coste del periplo, en cubierta y a la fresca.

Siempre podemos olvidarnos de los barcos y elegir el avión como medio de transporte, el origen del low cost –o su más refinado alumno-. Intentar adquirir un billete de avión muy barato es una odisea propia de un Ulises moderno: Ítaca nunca fue tan inaccesible. Es imprescindible que accedas, navegues e incluso bucees en una docena de páginas web de buscadores y portales de líneas aéreas durante varios días. Con los datos extraídos, debes construir la pirámide de las posibilidades según el precio, los horarios, las escalas y los diferentes días de salida y regreso ofrecidos.

Improvisar siempre es la mejor opción: déjate seducir

Se vende hasta el alma (Plaza de Cibeles y Palacio de Linares vistos desde el interior del antiguo edificio de Correos, Madrid)

Se vende hasta el alma (Plaza de Cibeles y Palacio de Linares vistos desde el interior del antiguo edificio de Correos, Madrid)

Es mejor que no tengas nada pensado antes de empezar la búsqueda porque justo eso que tú quieres sale muy caro. El resultado es que terminas comprando un billete para no sabes bien dónde, lugar éste en el que vas a disfrutar de una estancia más corta de lo previsto durante la cual estarás casi más tiempo en los aeropuertos donde hace escala el avión que en el destino elegido. Además, vas a tener la suerte de que tus vuelos despeguen y aterricen de madrugada –así puedes aprovechar el día- por lo que bien tomas un taxi para ir o volver del aeropuerto –despídete del dinero ahorrado en la compra-, bien duermes en el frío suelo de baldosas del aeropuerto, bien te preparas para invertir dos o tres horas en medios de transporte público nocturnos –si es que los hay-.

Por fin tienes tu billete. Es ahora cuando empiezas a hacer el resto de cálculos. Has pagado con la tarjeta de débito para que no te cobren comisión. No tienes asiento ni prioridad en el embarque así que más vale que te abalances sobre el mostrador de la sala de espera en cuanto pises el aeropuerto y pases el control de equipajes de mano que, en tu caso, como lo llevas todo en esa maletita, porque facturar cuesta 50€, requiere tiempo, paciencia y, sobre todo, indiferencia hacia tus propiedades que, con seguridad, van a ser expuestas y zarandeadas por algún agente de seguridad del control.

Si quieres más, pagas más: el principio básico del low cost

Aquí hay gato encerrado... (Patricia Gadea, exposición

Aquí hay gato encerrado… (Patricia Gadea, exposición “Atomic-Circus”, Museo Reina Sofía, 2014)

Ah, otra cosa, olvídate del seguro de viaje, también cuesta dinero. Cierto, has cogido los billetes con ocho meses de antelación porque así salen más económicos, ¿quién sabe si sucederá algo que te obligue a anular las vacaciones? No pienses en ello, cancelar no es una posibilidad: tienes que ir en las fechas seleccionadas aunque te vaya la vida en ello.

Importante: llévate la comida de casa, no puedes permitirte pagar 6€ por un sandwich famélico con una lonchita de jamón york y otra de queso. Gracias a la inclusión de comida dentro de la única maleta con la que vas a embarcar, tu ropa olerá durante todo el viaje a tortilla o a lomo con pimientos. Delicioso, ¿no? Así no sufres de morriña durante los días que estés lejos de tu querido país. Un último detalle: no vayas sin una botellita pequeña de agua vacía. Pon atención y repite conmigo: “v-a-c-í-a”. Como se te ocurra llenarla antes de subir al avión, te la tirarán al contenedor de plásticos antes de que puedas ni tan siquiera musitar un entrecortado “ah”. Y tendrás que pagar los 3€ que pensabas que te habías ahorrado por una igualita a la que llevabas pero comprada en el aeropuerto, circunstancia que le da un cierto aire de distinción, cierto caché incluso, de ahí el precio.

Lujo de bajo coste o la paradoja de las pesetas a duro

Sueños a precios asequibles aunque sea por una noche (Copenhague, Dinamarca)

Sueños a precios asequibles aunque sea por una noche (Copenhague, Dinamarca)

Pasemos a seleccionar el alojamiento. Dejemos de lado las propuestas en habitaciones de 10, 8 o 6 personas o con baños compartidos; has estado todo el año trabajando duro y te mereces cierta privacidad y comodidades. Pongamos que miramos una página de reservas de hoteles. Si escoges una habitación de un hotel que casualmente llama tu atención por tener un descuento de un –pongamos- 30%, resulta que es el antiguo cuarto de limpieza reconvertido en zulo low cost o la habitación más degradada de todo el edificio; eso sí, en las fotos salía estupenda porque ¡no era esa la habitación que mostraban! También puede suceder que el cuarto esté en un edificio anexo mal equipado o situado a varios kilómetros de la ubicación original o que justo sea la habitación en la que no funciona la calefacción o el aire acondicionado. Gajes del oficio del viajero low cost, que esto no te desanime.

Y nos queda el producto estrella: el tour de bajo coste. La verdad es que unir ambos términos ya me da miedo. Salvo honrosas excepciones que también acaecen de cuando en cuando con la compra de billetes de avión, barco o tren y en la selección de alojamientos, pretender que un tour de este tipo no sea denigrante requiere un esfuerzo supremo de la imaginación. Por alguna razón, nuestras expectativas son demasiado altas, tal vez por culpa del folleto, de las fotos de la página web o de la persona que nos ha atendido en la agencia. En estos tours, normalmente, no se salva ni el guía. Los hoteles son cochambrosos; las comidas incluidas básicas y/o muy malas, generalmente muy alejadas de la alimentación local, tendentes incluso a lo que llamamos comida rápida o basura; los horarios inhumanos; los medios de transporte lamentables; la compañía ruidosa –o pesada-; y el afán por convertir cada paso de la andadura turística en una oportunidad para venderte algo, irritante.

Ya sólo me queda desearte ¡unas muy felices vacaciones low cost!

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Un comentario en “User eXperience Low Cost

  1. Pingback: Consumidores imperfectos | A la atención de quien proceda

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