Ruta de los castillos cátaros (Francia)

Castillo de Peyrepertuse (Aude, Francia)

Castillo de Peyrepertuse (Aude, Francia)

Mencionar juntas las palabras Francia y castillos lleva a nuestra imaginación a vislumbrar las famosas fortalezas del valle del Loira, bastante más parecidas a palacios que a baluartes de defensa. El recorrido, siguiendo el curso del río, nos traslada a esa Francia fastuosa, derrochadora y ombliguista propia de los tiempos de Luis XIV, el Rey Sol. Lejos de esta visión de pomposidad y magnificencia, que se traduce en entradas de acceso a los castillos de precios desorbitados, encontramos otra ruta de castillos, mucho menos conocida, pero de gran valor histórico y paisajístico. Arquitectura y naturaleza dialogan en armonía para construir los que fueron los últimos refugios de los perseguidos cátaros.

Pese al auge de la novela histórica, que puede convertir en discurso conocido mis siguientes palabras, voy a hacer una breve descripción del catarismo, corriente religiosa de reminiscencias cristianas condenada por la Iglesia católica con ese vocablo que hacía temblar las libertades en la Europa de la época: herejía. Nació y se desarrolló a caballo entre la Baja y la Alta Edad Media, entre el siglo X y el XIII, fundamentalmente en la región del Languedoc, en el sureste de Francia. Tras la condena de la Iglesia católica, los reyes franceses se embarcaron en la conocida como cruzada Albigense cuyo objetivo fue la persecución –y eliminación- de los cátaros. Duró hasta que los pocos supervivientes del movimiento se dispersaron y dejaron de ser una amenaza para la todopoderosa Iglesia de Roma.

Detalle de la abadía de Saint-Papoul (Aude, Francia)

Detalle de la abadía de Saint-Papoul (Aude, Francia)

Castillos inexpugnables

La ruta de los castillos cátaros es más un itinerario de senderismo que un paseo por el campo. Para defenderse mejor, los cátaros edificaron sus pueblos y baluartes en lo alto de montes y altozanos, en emplazamientos difícilmente accesibles. El castillo solía ocupar la parte más alta del risco y, alrededor de él, se expandía el pueblo, agazapado bajo sus fuertes muros. A lo largo de la ruta también encontramos cuatro abadías, muy bien conservadas: Saint Hilaire, Lagrasse, Saint Papoul y Fontfroide.

La mayor parte de las fortalezas están ubicadas en el departamento del Aude aunque también podemos ver algunas en Ariège (Midy-Pyrennés). El itinerario, que dibuja una forma elíptica, hay que hacerlo por carretera, bien en coche, bien en bicicleta (teniendo en cuenta que es una zona montañosa) ya que muchos de los restos arquitectónicos están alejados de núcleos de población. Las ruinas del castillo de Aguilar o el curioso monolito de Arques, por ejemplo, se yerguen sobre una roca entre campos sembrados o en un amplio y fértil valle mientras que Quéribus, Puilarens, Peyrepertuse y Lastours –probablemente los más conocidos- se pierden a varios centenares de metros de altitud: una larga escalera tallada en la roca nos permite trasponer el umbral de estas fortalezas.

Detalle de la plaza de Mirepoix (Aude, Francia)

Detalle de la plaza de Mirepoix (Aude, Francia)

Villas, ríos y cuevas

Otro de los atractivos de la ruta son los pueblos por los que discurre, la zona oriental del Midi francés, construidos en piedra y pizarra, y el paisaje que los envuelve. Entre otros lugares, se puede parar en la justamente famosa Carcassonne, cuyas murallas, coronadas de chapiteles, se pueden recorrer; la colorida Mirepoix, con su espléndida plaza de soportales de madera y piedra; el pequeño pueblo de Quillán, a orillas del río Aude; o las gargantas de Verdouble cerca de Duilhac-Sous-Peyrepertuse.

Si os acercáis a visitar los castillos de Montségur y Foix, en el departamento de Ariège, os recomiendo que le dediquéis una mañana a la cueva prehistórica de Niaux (hay que reservar con antelación). La visita guiada os empujará hacia las profundidades de la montaña donde los habitantes de las cavernas, los magdalenienses, dibujaron en las paredes figuras de animales, con una finalidad mágica o chamánica –según la teoría más extendida- con carbón vegetal o dióxido de manganeso –las negras- y con molienda de hematita –las siluetas rojas y algunas huellas de manos-.

Pinturas de la cueva de Niaux (Ariège, Francia)

Pinturas de la cueva de Niaux (Ariège, Francia)

Apuntes prácticos

Existe un “pasaporte” de la ruta de los castillos cátaros que se puede adquirir en cualquiera de los puntos visitables y que, si vamos a ser exhaustivos en nuestro viaje, compensa adquirir.

En relación con el alojamiento, hay una oferta bastante amplia tanto de cámpings como de casas y apartamentos rurales.

Para los que no conduzcan, existe la posibilidad de moverse en autobús.

Y una curiosidad

La región de Languedoc-Rosellón atesora uno de los viñedos más antiguos del país. Históricamente, los caldos de la zona han sido considerados “vinos de mesa” o, como dicen los franceses, “du pays”. Se jacta de ser la cuna del primer vino espumoso, antecesor del champán, el Blanquette de Limoux, creado –o más bien descubierto- por los monjes de la abadía benedictina de Saint-Hilaire.

Principales puntos de interés en la ruta de los castillos cátaros (Aude, Francia)

Principales puntos de interés en la ruta de los castillos cátaros (Aude, Francia)

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