El capitalismo es para los ricos

Tokio, distrito financiero (Japón)

Tokio, distrito financiero (Japón)

Las crisis que genera el sistema capitalista son cíclicas y estructurales. Son, incluso, necesarias para su supervivencia, podríamos decir que tienen un papel impulsor, no corrector como los economistas neoliberales suelen afirmar. Para avanzar, tiene que retroceder, de cuando en cuando, y coger carrerilla. Con cada nuevo estadio de desarrollo, se acerca un poco más a su objetivo: la mayor riqueza en manos de la menor cantidad de personas posible, algo así como la tergiversación del principio básico del utilitarismo: “el mayor bien para el mayor número de personas”

Repasemos los tres grandes batacazos económicos –o impulsos- que se ha dado el capitalismo en menos de un siglo.

El crash o crac del 29, también conocida como la Gran Depresión en Estados Unidos, donde se originó, tuvo como causas principales la alianza del endeudamiento con la sobreproducción, un tándem-producto típicamente capitalista. Las consecuencias son bien conocidas: ascenso de los totalitarismos en Europa, Segunda Guerra Mundial, hundimiento de las economías del Viejo Continente y destrucción de buena parte del patrimonio físico (y moral) de éstas, posterior polarización del mundo en dos bloques, Guerra Fría… Entiéndase que, evidentemente, ninguno de estos acontecimientos ni derivas son unicausales aunque no por esta razón el peso del crash del 29 fue menor.

La crisis de 1979 se llamó “crisis del petróleo”, el motor energético del capitalismo. Gracias a ella, la escuela de Chicago consiguió que sus teorías neoliberales se convirtieran en prácticas habituales de los gobiernos occidentales: los conservadores Reagan y Thatcher y hasta el socialista Mitterrand fueron entusiastas seguidores de estas doctrinas. Consecuencias: privatización de los bienes públicos, disminución drástica del Estado del Bienestar y crecimiento exponencial de la brecha económica entre las clases sociales, entre otras.

La actual crisis es hipotecaria, otro de los pilares del capitalismo. El crédito en todas sus formas: tarjetas bancarias, empréstitos, créditos personales o inmobiliarios, financiación etc. Siglos atrás, el crédito estaba limitado a los estados y, en mucha menor medida, a algunos comerciantes o mercaderes y, por supuesto, en pequeñas cantidades pasaba de manos de los usureros a los (muy probablemente eternos) deudores. Las consecuencias más llamativas son el empobrecimiento de las clases medias, la creación de megatransnacionales tendentes al oligopolio -incluso al monopolio o pseudomonopolio- y, por fin, el mayor y más rápido enriquecimiento de los más ricos.

Capitalismo feudal

El sistema feudal se basaba en una masa de pueblo llano que apenas podía sobrevivir y un puñado de grandes fortunas con títulos nobiliarios y grandes rentas provenientes de las tierras. Cultivos extensivos o intensivos que se daban en parcelas de cientos de hectáreas de terrenos vinculados, por sangre o herencia, a unos pocos, tierras que otros, sin patrimonio ni recursos propios salvo su fuerza de trabajo, cultivaban. El fruto de la labor daba a unos alimentos y a otros rentas. El concepto de feudalismo, que hoy nos parece atrasado o pretérito, no está tan alejado de la organización económica, social y política modelada por el capitalismo.

Escultura medieval en una iglesia de Mainz, cuna de la imprenta de Gutenberg (Alemania)

Escultura medieval en una iglesia de Mainz, cuna de la imprenta de Gutenberg (Alemania)

El sistema capitalista,  la ideología imperante y la forma actual de gobierno del mundo, es un desarrollo moderno de ese mismo sistema feudal que acabamos de recordar. De nuevo, vemos dos componentes poblacionales básicos:

  • Una masa formada por el pueblo –en este caso llamada clases bajas y medias– con escasos recursos: a nivel planetario, tres mil quinientos millones de pobres; a nivel estatal, un 70-80% de la población se puede incluir bajo el epígrafe de “clases no privilegiadas”.
  • Y un puñado de grandes fortunas cuyos títulos nobiliarios han dejado de leerse en forma de condes, duques y príncipes para pasar a escribirse con siglas en inglés o términos económicos genéricos: CEO’s o Executives (presidentes o directivos de transnacionales, generalmente) y accionista. La unión de ambos “papeles” ocupa la cúspide de la pirámide; véanse, por ejemplo, los casos de George Soros o Carlos Slim, por mencionar dos al azar.

En los últimos años, las noticias sobre el declive y la pérdida de poder adquisitivo de la clase media se han multiplicado. Suelen ir acompañadas de un goteo de titulares que muestran cómo los más ricos se han enriquecido más gracias al devenir de la economía mundial. Da la sensación de que a las grandes fortunas les va bien siempre pero les va aún mejor cuando al resto nos va peor. ¿Contradictorio? En absoluto. El capitalismo es un sistema creado, pensado y construido para los que más tienen. Se trata de acumular, nunca de distribuir o redistribuir. Aseverar lo contrario es una afirmación dogmática o mera propaganda engañosa.

“Tenerlo todo y querer más”

El pasado mes de enero, la ONG Intermón Oxfam publicó un informe categórico respecto a la propiedad del capital en el siglo XXI. El título es elocuente: Riqueza: tenerlo todo y querer más. En este documento, cuyas estadísticas se basan en datos emanados de la entidad financiera helvética Credit Suisse, poco sospechosa de pretender atentar contra el neoliberalismo, encontramos varias curvas de evolución de la riqueza en las que constatamos lo siguiente (cito):

  • Desde 2010, el 1% de los individuos más ricos del mundo ha incrementado su participación en el conjunto de la riqueza a nivel mundial.
  • En 2014, el 1% más rico poseía el 48% de la riqueza mundial.
  • Entre 2010 y 2014, la riqueza de las 80 personas más ricas del planeta ha pasado de 1,3 billones a 1,9 billones de dólares.
  • 3.500 millones de personas tienen la misma riqueza que estas 80 personas.
  • La brecha entre las personas muy ricas y el resto de la población ha aumentado.
  • Los sectores económicos que más han contribuido al enriquecimiento de este puñado de ricos han sido, fundamentalmente, el financiero y de seguros, el farmaceútico y el médico (atención sanitaria y productos médicos) además de “inversiones y gestión de fondos”, que no creo que se pueda denominar “sector” dado que no produce ni vende producto o servicio alguno.

En la misma dirección apunta el macrotrabajo de investigación del economista francés Thomas Piketty, “El capital en el siglo XXI”, un estudio meticuloso y pormenorizado del devenir del sistema capitalista desde el siglo XIX hasta la década actual. En él, el autor demuestra que las grandes fortunas particulares crecen de forma exponencial mientras que el PIB, las rentas y el patrimonio de los distintos estados (naciones), en particular los de las economías desarrolladas, disminuyen –en relación con los primeros-. En contra de lo que nos han contado, el incremento del capital en manos privadas no significa que cada vez más personas tengan más capital (o vivan mejor) sino que sucede que cada vez más capital está en menos manos.

Indigente (en los soportales de la catedral de Nápoles, Italia)

Indigente (en los soportales de la catedral de Nápoles, Italia)

La constante tendencia a la “liberalización” de los mercados genera oligopolios -evidente, durante estos años de crisis, en el sector financiero, por ejemplo-; la privatización de los últimos recursos o bienes en manos públicas, como el agua, causa estragos en buena parte de la población que las sufre y empobrece a las clases menos favorecidas; el incremento exponencial de la especulación financiera e inmobiliaria crea burbujas que llevan a la ruina al pequeño propietario y accionista; la creación de productos financieros megasofisticados y ultrarentables beneficia, exclusivamente, a las grandes fortunas. El ciudadano medio, por no hablar de los 3.500 millones de pobres que hay en el planeta, recibe las migajas mientras se socaban sus derechos fundamentales: humanos, públicos, civiles y políticos.

Habrá a quienes les parezca tremendista esta visión, apocalíptica o, simplemente, falsa. A esos sólo les puedo decir que sigan pensando, igual que el personaje-bufón de Voltaire, mientras la desgracia se ceba con ellos, que “vivimos en el mejor de los mundos posibles”.

Anuncios

Un comentario en “El capitalismo es para los ricos

  1. Pingback: De uno en uno contra el capitalismo | A la atención de quien proceda

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s