Asesinatos machistas

Me niego a intentar comprender. Ya está bien, estoy harta, estamos hartas, todas las mujeres y todas las personas que tienen un mínimo de humanidad y de empatía.

Basta de mujeres asesinadas por sus maridos o novios y de hijos asesinados por sus padres.

No quiero leer ni un titular más de mujeres acuchilladas; no quiero ver más imágenes de funerales de chiquillas de 18 años; no quiero enterarme de que un violador y secuestrador ha salido de la cárcel tras un año y medio internado; no quiero volver a tener la sensación de que, por debajo de cada asesinato, suena el eco de la terrorífica frase “la maté porque era mía”.

Es insoportable comprobar que vivimos en una sociedad que todas las semanas es testigo de la brutal muerte, del asesinato, de la tortura de una mujer (a manos de su pareja o ex-pareja).

Apuñaladas.

Degolladas.

Acuchilladas.

Asfixiadas.

Quemadas.

¿¡Pero qué tipo de barbarie es ésta!?

Los hombres que matan a sus mujeres, novias, ex mujeres, ex novias, hijas, hijos… llevados por, dicen, los celos, son seres INHUMANOS. Me importan un bledo las justificaciones psicológicas y ambientales; nos cuentan que el calor exacerba el mal humor y las pasiones, que la presión social puede volver loco a cualquiera, que discutían mucho… El final siempre es el mismo: una mujer asesinada.

“2666”, Roberto Bolaño, Ciudad Juárez. Aterradora novela sobre los asesinatos de mujeres en México. Exactamente igual de aterradora que nuestro día a día: España, 2015 (y 2014 y 2013 y 2012…) Decenas de asesinatos cada año. Más de mil en una década y media. Mujeres, con nombres y apellidos, con una vida, con una ilusión, con un futuro cercenado.

Un mensaje para los hombres que aún no se han enterado de algo esencial (vistas las cifras de asesinatos de mujeres parece que son bastantes): las mujeres somos seres humanos independientes, libres y autónomos, con los mismos derechos a vivir y buscar la felicidad que cualquier hombre.

No somos objetos.

No somos esposas.

No somos madres.

Un mensaje para todas esas mujeres que creen que se merecen que las maltraten, que las insulten, que las peguen: no hay absolutamente ninguna razón por la que un hombre pueda arrogarse el derecho a maltratar física o psicológicamente a una mujer. El derecho al maltrato NO EXISTE. No hay falda lo suficientemente corta ni mirada lo suficientemente lasciva ni comportamiento lo suficientemente provocativo para que un hombre insulte o pegue a una mujer.

Somos mujeres.

Somos personas.

Somos seres humanos.

Un mensaje para los políticos, los jueces, los policías y todas las personas que tienen un mínimo de poder para cambiar la situación, para detener esta atrocidad inconcebible: lo que hacéis NO ES SUFICIENTE. Las leyes son insuficientes, los protocolos no funcionan, las campañas de publicidad no son efectivas. Las mujeres, en España, seguimos siendo asesinadas por nuestras parejas y ex parejas. No somos números, somos:

Laura

Teresa

Rosario

Beatriz

Olga

María

Hanane

Susana

Un mensaje para aquellos que perpetúan el machismo que lleva al maltrato y al asesinato con comentarios del tipo “era una chica fácil”, “se lo buscó”, “son unas guarras” y tantos otros: sois cómplices de cada bofetada, de cada grito, de cada insulto, de cada puñalada, de cada hachazo, de cada golpe mortal que recibe una mujer por parte de su pareja o ex pareja. Ah, ¿qué no lo sabíais? Pues id tomando nota. Espero que os pese en la conciencia.

Basta de pasividad. Basta de justificaciones. Basta de comprensión con los verdugos. Basta de condenas recortadas. Basta de presupuestos exiguos para luchar contra el maltrato, para proteger a las mujeres que denuncian, para reinsertarlas en la vida económica y darles una oportunidad de sobrevivir lejos de sus parejas. Basta de considerar el maltrato y la violencia machista como un mal menor, como algo anecdótico. Basta de declaraciones de intenciones y de condenas retóricas. Basta de muerte, de sangre, de dolor, de lágrimas. Basta ya. Basta.

Termino con lo que deja el asesino, con su víctima ensangrentada, con la violencia y la muerte. Sólo queda el silencio de la vida que se apaga. Y no puede ser una respuesta, a nada, a nadie.

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