Vintage markets, mercadillos sin historia

Estética vintage en un restaurante de Sibiu (Rumanía)

Estética vintage en un restaurante de Sibiu (Rumanía)

¡Quién nos lo iba a decir hace tan sólo una década! El mercadillo, ese lugar que antaño era sinónimo de gitaneo, cachivaches, saldos, antiguallas, marcas tergiversadas y productos afanados, ahora se ha convertido en un “happening”, un evento “chic”, un –y esto sí que es definitivo- acontecimiento que no te puedes perder si quieres estar a la última. Los mercadillos de diseño se hacen eco de las modas y presentan las nuevas tendencias, más o menos efímeras.

Keep calm and carry on

Antiguo, ajado, roto o ganga han sido sustituidos en el vocabulario del puesto itinerante por artesanal, biológico, exclusivo, reciclado o de autor. El revival de todo aquello que antes rechazábamos por estar impregnado de una pátina de antigüedad casposa es celebrado, ensalzado y exprimido hasta que el jugo se convierte en un “spin-off”, en otro producto de consumo derivado del que tuvo su minuto de gloria y pereció.

Todavía resuena en mis oídos la cantinela gitana que pretendía incitar a las viandantes a comprar bragas, tiras para el sostén, pilas o mantelerías buenas, bonitas y baratas. Una vulgaridad para los estándares de hoy en día. Señora, chica, joven y, sobre todo, guapa y niña, no importaba la edad o lo destacado de tu belleza, vociferaban, qué me las quitan de las manos, repetían, mira que lo estoy regalandooooo, estirando siempre mucho la última vocal, 3 pares 3 leuros, la “l” era imprescindible, bragas de las güenas, vamos niña, camisetas del Bresca a 3 leuros, mal pronunciar los nombres de las firmas conocidas era marca de la casa.

Come on in, we’re open

Luminoso de una tienda en el barrio de Conde Duque (Madrid)

Luminoso de una tienda en el barrio de Conde Duque (Madrid)

Pero todo eso sucedía en el siglo pasado. En el flamante XXI, con sus ecos de rotunda modernidad, ya no se llaman mercadillos sino markets, que es algo bien distinto. Se ruega no confundir con el clásico mercado de toda la vida, también denominado “galería comercial”. Llamemos a las cosas por su nombre: un mercadillo que tiene lugar en la calle y dura una mañana o un día es un “One-Day Street Market”. Sí, eso antes era mercadillo a secas pero ¡los tiempos cambian y hay que ponerse al día! A poder ser, que la frase te salga con acentillo yanqui o, en su defecto, British; es sencillo, sólo tienes que marcar mucho cada sílaba y poner algo de entusiasmo. Si no sale, escucha un rato Vaughan Radio/TV para cogerle el punto.

Hoy es un buen día para sonreír

Los Food Trucks –Camiones de Comida suena mucho menos apetecible- también forman parte de este nuevo concepto de mercadillo de diseño. Se parecen mucho a aquellas roulottes, caravanas y remolques que nunca faltaban ni en las ferias ni en las fiestas de pueblo o barrio pero con una diferencia fundamental: ahora prevalece el sentido estético tanto en el continente (el camión) como en el contenido (la comida). El universo de los colores, los olores, el packaging y la tipografía se mueve ahora sobre cuatro ruedas y está motorizado.

Hay Food Trucks de marcas conocidas de restauración “vintage” –los términos nueva cocina o cocina de autor han pasado a la historia-; gastrocamionetas; Made In Elsewhere (comida mexicana, thai, japonesa, alemana o de cualquier otro rincón del mundo); la cocina de la abuela y decenas más. A veces avanzan en solitario, otras veces aparcan en compañía o les llevan de tournée y les hacen un concurso en la televisión. De momento, la legislación no ha acompañado la explosión comercial de este tipo de comercio ambulante, al menos en España.

Food Truck en DecorAcción 2015 (Madrid)

Food Truck en DecorAcción 2015 (Madrid)

Life is beautiful

Imprescindibles para dar los primeros pasos en el mundillo de lo ambulante moderno son la estética retro o vintage -según-, un logo llamativo, un nombre divertido y sonoro que incluya la palabra “market” o “mercado” y un cartel sugerente. Cualquier eslogan que se elija debe de tener connotaciones positivas, dar buen rollo, poseer alma.

Los propios productos a la venta responden, como la imagen de la marca, a los imperativos de la moda hipster. Artesanía fabricada con materiales reciclados, cerveza hecha en casa –o casi-, ropa reconstruida, pinchos nada tradicionales, muebles de madera decapada, colores pastel y objetos alla maniera de los orientales. A veces me pregunto si sólo los modernos visitan y compran en estos peculiares centros comerciales o es que todos nos hemos convertido a esta nueva religión que recupera el pasado a precios de futuro.

Si puedes soñarlo, puedes hacerlo

Tampoco hubiera imaginado tiempo ha que para acceder al recinto donde tiene lugar un mercadillo tendría que hacer cola e, incluso, pagar. Mientras las ediciones se multiplican -¿alguien sabe qué ha sido de los números romanos que antes se utilizaban para estos menesteres?-, los organizadores y creativos licuan sus cerebros para dar con los anzuelos que arrastrarán al público.

Lo ideal es que el entorno sea un aliciente más: un antiguo cuartel militar remozado, una estación de ferrocarril, un invernadero de transparentes cristaleras, un barrio de aire castizo o una nave industrial desempolvada. Y, por favor, que a nadie se le olvide el detalle de la bicicleta: real, dibujada, serigrafiada o esbozada, la bici no puede faltar. Cuanto más antigua parezca, mejor.

Life is like riding a bicycle

La bicicleta, icono vintage (Hvar, Croacia)

La bicicleta, icono vintage (Hvar, Croacia)

Hay mercadillos fijos, de duración determinada (móviles) y fijos discontinuos, como los contratos de trabajo. Los consumidores acuden en busca de lo diferente, lo nunca-visto, lo distintivo. Las gangas y los despojos del consumismo siguen estando a la venta en los antiguos mercadillos, en puestos montados sobre un par de caballetes y cuatro barras de hierro cruzadas con una lona colgando, por si llueve.

Ahora vamos a los “markets”. Compramos estilo, no productos. Es un poco más caro pero nos las vamos apañando. Nadie dijo que ser única fuera barato.

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