Sofía, monasterio de Rila y los Siete Lagos (Bulgaria)

Enclavada entre los Balcanes, Rumanía, Grecia, Turquía y el mar Negro, Bulgaria es una gran desconocida para la mayoría de los españoles, al menos como destino turístico.

 

Su accidentada orografía, su herencia milenaria y una historia llena de traspiés hacen de la antigua tierra de los tracios un lugar por descubrir.

Nuestro viaje comienza en Sofía, la capital, y se acerca a las montañas Rila, enclave idóneo para excursiones, deportes de nieve y visitas culturales.

Bulgaria, indecisa entre el ayer y el mañana (certamen de bailes folklóricos, Plovdiv)

Bulgaria, indecisa entre el ayer y el mañana (certamen de bailes folklóricos, Plovdiv)

La mayoría de los turistas que llegan a Bulgaria lo hacen atraídos por su oferta de playa en verano y de nieve en invierno. Burgas y Varna, en la costa del mar Negro, son dos de los lugares más visitados en la temporada estival mientras que Bansko, situado entre las montañas de Rila y el parque nacional de Pirin, es el centro preferido por los aficionados a los deportes blancos.

Más allá de esta cara conocida del país, también podemos encontrar ciudades históricas que esconden reminiscencias tracias, romanas u otomanas; pueblos de arquitectura tradicional bien conservados; coloridos monasterios ortodoxos y parajes naturales agrestes de gran belleza. En esta entrada nos centraremos en Sofía, la capital, y las montañas Rila, situadas al sur.

Bulgaria en contexto

Bulgaria es el país de la Unión Europea con menor PIB per cápita, seguido en la cola por Rumanía, con quien comparte frontera al norte, dibujada por los contornos del Danubio y la llanura que lleva su nombre.

Anciana vendiendo ramitos de flores en la entrada de la catedral (iglesia de Alexander Nevsky, Sofía)

Anciana vendiendo ramitos de flores en la entrada de la catedral (iglesia de Alexander Nevsky, Sofía)

Teniendo en cuenta los estándares europeos, el coste de la vida y los precios de los productos y servicios son bajos, incluso para un español, así que me imagino que los alemanes o los nórdicos pensarán que se están deshaciendo de la calderilla cuando pagan una comida en cualquier restaurante búlgaro o les sacan la cuenta de las noches pasadas en un hotel. Habitaciones dobles por 30€ y almuerzos o cenas por 4-5€ por persona son la tónica general.

Hablando de dinero, la moneda oficial búlgara es el lev, en plural leva. Al cambio un euro ronda 1,95 BGN. En Sofía es fácil cambiar, ya sea en el aeropuerto (poco recomendable), en una sucursal bancaria o en una casa de cambio. Tuvimos la suerte de que nos recomendaran una de éstas últimas en la que el cambio era el oficial interbancario y no cobraban comisión, pero, salvo esta excepción, es mejor cambiar en los bancos.

Sofía y alrededores

Apenas una semana de estancia en el país da para mucho o, si consideramos lo que hemos dejado de ver, para bastante poco. Hay que tener en cuenta, cuando se viaja a Bulgaria, que las distancias dependen más del estado de la carretera por la que vayamos a circular que del número de kilómetros.

Las vías terrestres principales que unen las ciudades más importantes son bastante decentes, sobre todo si las comparamos con algunas carreteras secundarias en las que los socavones pueden llegar a ser tan anchos como un turismo pequeño. Fue en una de estas carreteras donde descubrimos la razón por la que los tapacubos de las ruedas del coche de alquiler estaban amarrados con bridas.

Catedral de Alexandre Nevsky (Sofía)

Catedral de Alexandre Nevsky (Sofía)

El aeropuerto de Sofía está a pocos kilómetros de la capital. Hay transporte público, metro y autobuses, que unen uno y otra, aparte de largas filas de taxis a la salida de la terminal de llegadas. Si llegáis de noche o demasiado temprano, sólo tendréis la posibilidad de coger un taxi; con el suplemento de nocturnidad, no llegamos a pagar ocho euros y nos dejó en la puerta de nuestro céntrico hotel.

Una advertencia: sólo hay una compañía oficial de taxis, el resto no tienen licencia y utilizan todo tipo de trucos para engañar al posible pasajero, sobre todo a la hora de cobrar la carrera. Los únicos taxis con licencia pertenecen a la compañía Ok Supertrans; tiene ventanilla de atención en la terminal del aeropuerto y, a través de su web, se puede reservar un taxi y solicitar, por ejemplo, que el conductor hable inglés y cobre en euros.

Una de las capitales más antiguas de Europa

Sofía es una ciudad de avenidas anchas, aceras destartaladas, edificios restaurados y amplias zonas ajardinadas. La circulación es un tanto caótica. Si dejamos atrás el centro, nos damos de bruces con los feos edificios de viviendas construidos a toda prisa durante las décadas comunistas.

Ciñéndonos al corazón de la urbe, podemos disfrutar de un paseo tranquilo entre la impresionante catedral ortodoxa de Alexander Nevsky -la joya arquitectónica de la ciudad-, la iglesia rusa, el Museo de Historia, la pequeña iglesia de ladrillo de Sveti Georgi o la mezquita Banya Bashi. Los fines de semana suele haber mercadillos callejeros.

Nómadas, Radio 3 – “Sofía, una fuente entre montes” ( 06/03/10)

A las afueras, la iglesia de Boyana, situada a los pies del monte Vitosha, al que se puede acceder en teleférico y desde el que se tiene una perspectiva a vista de pájaro de la capital. Muchos habitantes de Sofía hacen escapadas y excursiones a este emblemático monte que parece vigilar, los días de diario, sus idas y venidas aceleradas.

Las montañas Rila y el monasterio

Para hacer una escapada desde la capital o pasar unos días en plena naturaleza, hay que tomar dirección sureste, hacia las montañas Rila, las más altas del país e, incluso, del conjunto de los Balcanes. Hay autobuses que llegan hasta diferentes pueblos de la zona aunque, dada la frecuencia con la que pasan, es más recomendable alquilar un coche, si es posible.

La excursión preferida por los oriundos es la que lleva a circunvalar los Siete Lagos. Durante los fines de semana de verano está tan transitada como la calle principal de una abigarrada metrópoli por lo que es preferible subir un día de diario. Se puede llegar al pie de los lagos por varios caminos, tanto a pie como en teleférico; en este último caso, hay que acceder a Pionerska hut, cerca de una zona en la que hay bastantes alojamientos, tipo resorts, llamado Panichishte.

La ruta de los Siete Lagos (Montañas Rila, Bulgaria)

La ruta de los Siete Lagos (Montañas Rila, Bulgaria)

La ruta por los lagos se puede hacer de izquierda a derecha, o viceversa, ya que es circular excepto el tramo entre el quinto y el sexto lago, que lleva a la parte más alta, desde la que se tiene la perspectiva más amplia de los lagos.

Se pueden hacer muchas otras rutas de senderismo por la zona y, en invierno, se abren las pistas de ski y los remontes.

El otro punto de interés es el monasterio de Rila, posiblemente el más conocido de Bulgaria, fundado en el siglo X por San Juan de Rila. A principios del siglo XIX fue parcialmente destruido por un incendio así que lo que podemos contemplar en la actualidad es una reconstrucción, bastante fidedigna, del original. Aún se conservan algunas pinturas murales originales en el exterior de la iglesia.

Monasterio de Rila (Montañas Rila, Bulgaria)

Monasterio de Rila (Montañas Rila, Bulgaria)

Los monasterios en Bulgaria jugaron un papel fundamental para el mantenimiento de la cultura y la literatura nacionales durante los largos siglos de ocupación otomana. A lo largo de todo el país se pueden encontrar ejemplos de estas construcciones religiosas bastante bien conservadas, algunas emplazadas en lugares recónditos, entre montañas o en mitad de frondosos bosques.

Os dejo un enlace con información útil y consejos prácticos para moverse por Sofía. Y la página oficial de turismo de Bulgaria.

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2 comentarios en “Sofía, monasterio de Rila y los Siete Lagos (Bulgaria)

  1. No sabía que se podía pedir Taxi por internet, lo que habrá que ver es si lo pides a una hora y se retrasa el avión, qué pasa? te cobran la espera?… Y que un taxista búlgaro hable inglés habrá que probarlo, jajaja…

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    • Hola Luis: No creo que pase nada porque lo que tienen es una pequeña oficina en el aeropuerto así que, cuando llegas, te acercas y les dices que tienes un taxi reservado y, simplemente, te ofrecen uno de los taxis que, en ese momento, están aparcados en la entrada. Nuestro taxista hablaba inglés (bastante mejor que el taxista que me tocó en Tokio, por ejemplo, que no sabía ni decir “hi”).

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