El precariado, caída en el abismo social (1º parte)

Si tienes un empleo a tiempo parcial, llevas años de trabajo en trabajo, firmas contratos por horas o días, hace tiempo que no sabes qué son vacaciones pagadas o eres autónomo pero en realidad trabajas como empleado sin derechos, ¡bienvenido! Probablemente formas parte del grupo social que más ha crecido en los últimos años: el precariado.

 

El precariado, la nueva clase social ¿peligrosa? (mujer vendiendo ramitos de flores en la entrada de la catedral Alexander Nevski de Sofía, Bulgaria)

El precariado, la nueva clase social ¿peligrosa? (mujer vendiendo ramitos de flores en la entrada de la catedral Alexander Nevski de Sofía, Bulgaria)

Es difícil definir los nuevos fenómenos, sobre todo cuando aún se están formando. Este es el caso del precariado, una nueva clase social propia de la economía de servicios en la que vivimos, al menos en Occidente, y que viene a sustituir al proletariado de la era industrial. Es tangencial al orden clásico de clases baja, media y alta aunque la mayor parte de sus miembros pertenecen a una de las dos primeras.

El precariado es el resultado de cambios profundos tanto en el ámbito laboral y educacional como en el sociológico. En la década de los 90, se empezó a hablar con insistencia de flexibilidad laboral y de productividad ligada al puesto de trabajo. Las fronteras nacionales se perdieron en la globalización y la inmigración masiva se convirtió en moneda corriente.

Frente a ciudadano –“citizen”- se ha creado el término “denizen” que nomina a aquellos que no llegan a tener los derechos que ostenta un ciudadano por el mero hecho de serlo.

 

En los primeros años del siglo XXI, los jóvenes que accedían al mercado de trabajo empezaron a autodenominarse “mileuristas”. Mal pagados y sobrecualificados, entraban en el mercado laboral con un sentimiento de frustración. Hoy, se consideran privilegiados aquellos que cobran un sueldo a final de mes, han firmado un contrato indefinido y tienen beneficios de empresa (seguro médico, plan de pensiones, vales restaurante…)

La brecha entre el precariado y el asalariado cada vez es más profunda. Los primeros viven en una constante inseguridad que tiene hondas consecuencias sobre todos los aspectos de su vida. La construcción del yo queda relegada a un segundo plano ante la pérdida de anclajes. A la pregunta “¿en qué trabajas?” le sigue un incómodo silencio o una de esas frases inventadas para rellenar la nada, del tipo “soy emprendedor” o “estoy en búsqueda activa de nuevos retos”.

¿Quiénes forman parte del precariado? Ningún grupo social está excluido pero, sobre todo, son Jóvenes, mujeres, jubilados con pensiones bajas,  migrantes rurales hacia la ciudad e inmigrantes globalizados

 

Los precarios han dejado de contar los contratos de trabajo que han firmado y los puestos que han ocupado, algunos tan solo por unas horas. Son especialistas en todo y en nada, pueden trabajar en cualquier horario, hacer turnos rotativos y desplazarse de punta a punta de la ciudad, incluso mudarse de una población a otra. Pasan de no tener trabajo una semana a estar pluriempleados la siguiente. En la oficina de desempleo de su barrio les conocen por el nombre de pila y hasta la empresa de trabajo temporal más pequeña ha podido contar con sus servicios más de una vez.

El club del precariado también tiene entre sus filas miembros que pertenecen a él por propia iniciativa. Se sienten felices en un medio inestable que, para ellos, tiene reservados retos y sorpresas diarios. Jóvenes que valoran la libertad por encima de la seguridad; jubilados que cobran una pensión digna o elevada pero que, para entretener sus largas horas ociosas, se presentan voluntarios para realizar pequeños trabajos remunerados o llevan a cabo labores de asesoramiento basadas en su experiencia laboral; mujeres que prefieren ocuparse de sus hijos a tiempo completo y trabajar sólo unas horas a la semana o de vez en cuando.

Todos ellos pueden vivir cómodamente en el seno del precariado porque su situación económica es desahogada: se mantienen gracias a sus progenitores, a la pensión, a las rentas o al sueldo de una tercera persona.

Estas cuatro pinceladas sobre el precariado nos sirven para presentarlo en sociedad. Pero, ¿qué implica pertenecer al precariado? ¿Hacia donde se dirige esta nueva clase social? ¿Es, como subtitula Guy Standing en su libro sobre el fenómeno, una clase “peligrosa”? ¿Quién debería de temerlo?

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3 comentarios en “El precariado, caída en el abismo social (1º parte)

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