España, gran feudo del capitalismo clientelar

España, feudo del capitalismo clientelar

España, feudo del capitalismo clientelar

Pese a que España es un ejemplo muy ilustrativo de capitalismo clientelar, la expresión, en sí misma, no es excesivamente conocida. Fue acuñada por primera vez en inglés: crony capitalism. En nuestro país, nos identificamos más con su forma vulgarizada: capitalismo de amiguetes (o de contactos o de favores).

Aunque no llamemos a las cosas por su nombre, lo que es evidente es que la economía y la sociedad españolas conviven en la turbia ciénaga creada por este tipo de capitalismo. Sólo hay que echar un vistazo a los titulares de los medios de comunicación o escuchar cualquier conversación entre amigos o familia para darse cuenta de que está a la orden del día. Con el consentimiento de casi todos y para nuestra vergüenza.

Cómo se inicia y cuáles son sus características

El capitalismo clientelar empieza en los políticos, continúa por los banqueros, empresarios y altos directivos para pasar a extenderse, cual mancha de aceite o petróleo en el mar, a toda la sociedad española, incluidos los medios de comunicación.

Algunas de sus características nos resultan muy familiares: las llamadas puertas giratorias; los rescates estatales del sector privado, con dinero público (a la banca, a las autopistas de peaje…) -socialización de las pérdidas-; los lobbies que mantienen reuniones secretas y a puerta cerrada con los políticos en el poder; las comisiones ilegales a individuos y la financiación ilegal de los partidos políticos etc.

¿Qué perdemos?

Parece que también las consecuencias del capitalismo clientelar son claras. Recientemente, varios economistas y juristas han llegado a la conclusión de que el escaso incremento -e incluso el descenso- de la productividad agregada de la economía española (entre 1995-2007) y la escasa innovación que se da en nuestro país son causadas por el capitalismo clientelar. Por no hablar de que genera una situación de clara injusticia en la que se socaba el concepto de igualdad de todos los ciudadanos.

El marco en el que se inscribe el capitalismo clientelar está formado por instituciones débiles, leyes partidistas, una clara desafección generalizada por el concepto de interés general y una sociedad civil débil o conformista.

 El concepto de “captura”

En uno de los pocos libros dedicados a esta distorsión del sistema económico vigente, “Contra el capitalismo clientelar“, se habla de la captura del estado, de las instituciones y de los medios de comunicación, por parte de intereses privados.

Esta captura se produce cuando el interés individual se pone por delante del interés general. Y esto, en España, pasa muy a menudo. A todos los niveles.

  • Los nombramientos de los altos cargos de las instituciones públicas se hacen “a dedo”, eligiendo, no a los más válidos y talentosos, sino a los más cercanos.
  • Los políticos y los empresarios se hacen favores mutuamente. Es el clásico intercambio de licitación concedida o ley favorable por futuro puesto en la empresa privada. Sobre todo se da en los sectores económicos que más dependen del Estado: construcción, energía (petróleo y electricidad), telecomunicaciones, farmacéutico…
  • Los favores de la banca suelen ir en forma de créditos a partidos políticos, sin necesidad de reembolso, e inversión en publicidad (o directamente en el accionariado) de medios de comunicación. Estos mismos bancos son los que compran la deuda pública emitida por el Estado.
  • La sustitución de las leyes y la normativa regulada, emanada del poder legislativo, por códigos de buen gobierno y responsabilidad social corporativa de las empresas privadas (facultativos y no potestativos).

¿Por qué se da el capitalismo clientelar en España?

Una buena noticia: aunque lo parezca, el capitalismo clientelar en España no está inscrito en los “genes” nacionales y, por lo tanto, es superable. Eso sí, la cultura de amiguetes y favores no va a desaparecer por sí sola, porque hay muchos individuos que, como se suele decir, sacan tajada.

Más allá de que las instituciones sean débiles y la sociedad civil española acomodaticia, lo más preocupante es que no sólo se soporta esta situación (con resignación cristiana o con cinismo, según el caso) sino que se llega a aplaudir y hasta se aspira a estar ubicado entre esta élite de amiguetes.

En fin, que en nuestro país se tiene la idea de que quien no tiene contactos, es un mindundi, y el que no roba -en la medida de sus posibilidades-, idiota.

Pero, ¿se puede superar el capitalismo clientelar?

El primer paso es tomar conciencia de su existencia y de los mecanismos por los que se rige. En segundo lugar, hay que construir una visión ética de la sociedad, poniendo, por delante de los intereses particulares, el interés general.

Muchos de los cambios y las revoluciones que han acontecido a lo largo de la Historia se han producido gracias a la presión social. Si los ciudadanos no queremos seguir siendo los grandes perdedores del capitalismo clientelar, tenemos que oponernos a él, denunciarlo, avergonzar a sus protagonistas e incluso boicotearlos.

Hoy en día hay alternativas socialmente responsables en la mayoría de los sectores (intercambios no dinerarios, cooperativas, pequeños negocios…); en Internet y en las redes sociales se pueden denunciar las malas prácticas y presionar para que dejen de llevarse a cabo; la información fluye como nunca antes lo ha hecho y el que elige ignorar lo que sucede a su alrededor no puede escudarse en la falta de medios.

El cambio tiene que venir de los ciudadanos de a pie, de abajo, porque, los que están arriba, son los primeros interesados en que todo siga igual.

Saber +

Blog “Hay Derecho”, creado y dirigido por los autores de “Contra el capitalismo clientelar”.

Web del economista Josep Pijoan-Mas y artículo sobre el capitalismo clientelar en España.

Pdf del trabajo “Growing_like_Spain_1995-2007” de Josep Pijoan-Mas y otros sobre la debilidad de la productividad agregada en España (en inglés).

Libro del colectivo Sansón Carrasco,

Libro del colectivo Sansón Carrasco, “Contra el capitalismo clientelar”

Envidia de Islandia

Islandia se levanta, España mete la cabeza bajo tierra (carretera en Islandia)

Islandia se levanta, España mete la cabeza bajo tierra (carretera en Islandia)

Lo reconozco, tengo envidia de la ciudadanía de Islandia, mucha envidia. Está feo, ¿no? Esto de sentir envidia de otras personas, digo. Pero es que no lo puedo remediar. Miro a España, le echo un vistazo a la “Unión Europea”, giro la cabeza hacia Estados Unidos, Sudamérica; hasta Australia llega mi mirada. Pero no hay caso, por mucho que mire y remire y busque y rebusque, veo la misma niebla, la misma oscuridad, idéntica atmósfera en la que se mezclan desordenados la corrupción, el latrocinio, la desvergüenza y la pasividad.

Sé que Islandia no es la panacea. Sé que su régimen político, su democracia, su legislación y su sistema judicial son imperfectos. Incluso soy capaz de reconocer que los ciudadanos islandeses están lejos de ser seres virtuosos que toman siempre las mejores decisiones. Lo sé. Precisamente es este conocimiento el que hace que me den ganas de echarme a llorar cuando comparo Islandia con España. Lágrimas de pena, de rabia, de frustración, lágrimas amargas, lágrimas que se me escapan de los ojos sin querer, arrastradas por su propio peso.

Pero no sólo me entristece nuestra situación, esa España de la cuchufleta, del cazo egipciforme (que tan bien ilustraba Forges) y el robo -a espuertas- de guante blanco. Sobre todo me da vergüenza, tanta como envidia le tengo a los islandeses. O sea, mucha, muchísima vergüenza.

Viñeta de Forges, cazo egipciforme, corrupción

Viñeta de Forges, cazo egipciforme, corrupción

Me avergüenza oír al presidente del gobierno decir que la corrupción en España (generalizada y constante) “son cosas que pasan” mientras que el primer ministro islandés ha dimitido en menos de 48 horas tras salir a la luz que había constituido una empresa en las Islas Vírgenes, paraíso fiscal, paraíso del blanqueo de dinero, de ese dinero de los impuestos que los que más tienen no pagan.

Llegados a este punto, no sé qué pensar de la financiación ilegal del PP, de los papeles de Bárcenas, del caso Gürtel, ¿alguien se los ha inventado o son reales y lo irreal es que nadie parezca tener responsabilidad alguna en estas tramas?

Me da vergüenza ver que, mientras los deportistas de élite, los políticos, los banqueros, los empresarios y demás ricachones acumulan millones en cuentas opacas y eluden pagar la mínima cantidad de impuestos, los ciudadanos de a pie sufren el recorte brutal de los servicios públicos, las subvenciones, los presupuestos para la educación o la sanidad, en fin, el desmantelamiento del Estado del Bienestar, construido con las aportaciones, vía impuestos directos e indirectos, de esa misma ciudadanía.

Paraísos fiscales, corrupción, cuentas opacas, papeles de Panamá

Paraísos fiscales, corrupción, cuentas opacas, papeles de Panamá

Me avergüenza que la banca española vocee urbi et orbi su supuesto compromiso con el pequeño ahorrador mientras que lo maltrata a base de comisiones y tipos de interés elevados, justamente a esos clientes que ganan 600 o 1000 euros al mes, que apenas llegan para pagar los servicios básicos de luz, agua o gas (que, por otra parte, no hacen más que subir). Por el contrario, a las grandes fortunas las asesora para que evadan impuestos, para multiplicar la rentabilidad de sus millones, para acogerse a amnistías fiscales.

Hablando de amnistías fiscales, ¡qué vergüenza amnistiar a los ricos para recaudar 1.200 millones de euros de los 40.000 millones que aparecieron de repente, saliendo de sus escondrijos en Suiza y otros paraísos! A la clase media y baja, más que amnistiarles, se les pone bajo la lupa de Hacienda, no vaya a ser que dejen de pagar 100 euros de IVA o del impuesto de Sociedades.

Vergüenza me da que una funcionaria de la Seguridad Social me comente que los inspectores del organismo, en lugar de dedicarse a perseguir, por ejemplo, a las empresas que contratan falsos autónomos, se dedican a hostigar y multar a las personas que, en Navidades, ponen una mesita en una plaza e intentan vender las cuatro prendas que han tejido, con cariño y mucha paciencia, durante el año.

Las ciudades financieras, dentro de las ciudades que habitamos, donde sólo se aplica la ley del más fuerte y del que más tiene

Las ciudades financieras, dentro de las ciudades que habitamos, donde sólo se aplica la ley del más fuerte y del que más tiene

Con todo este sentimiento de vergüenza encima, apenas puedo moverme. Supongo que es lo que le pasa a la mayor parte de los ciudadanos españoles. Sólo puedo ir, una vez cada cuatro años, a votar a los de siempre, porque dicen que van a cambiar, porque dicen que la corrupción son cuatro manzanas podridas en el cesto, de las que hay que deshacerse.

Con este peso insoportable sobre mi alma, no puedo echarme a la calle a protestar. Sólo puedo ir al bar y pedir unas cañas y unas raciones; sólo puedo ir de compras a algún megacentro comercial o a alguna tienda de marca conocida a ahogar mis penas tarjeta en ristre y bolsas en mano.

Con esta pesadumbre flotando en  mi cabeza, me es imposible ni tan siquiera pensar que, tal vez, haya otras opciones, otras formas de ver la vida, otras filosofías. No me queda otra que continuar con mi banco de toda la vida, mis marcas de toda la vida, mi nivel de consumo de toda la vida, mi partido político de toda la vida, mi sindicato de toda la vida, mi pasividad de toda la vida.

Ni voz ni voto ni interés ni ganas.

Ya tengo suficientes problemas y complicaciones, no quiero más.

Como dice el presidente en funciones, Mariano Rajoy, “esas cosas pasan”.

¿O será que permitimos que pasen?

Nuevos tiempos, viejas prácticas

El sistema ahora persuade en lugar de amedrentar, ofusca en lugar de amenazar, ejerce presión económica en lugar de violencia física (graffiti sobre el muro de Berlín, Andrej Sacharow)

El sistema ahora persuade en lugar de amedrentar, ofusca en lugar de amenazar, ejerce presión económica en lugar de violencia física (graffiti sobre el muro de Berlín, Andrej Sacharow)

 

Ismael Kadaré, escritor albanés, eterno candidato al premio Nobel de Literatura, reconstruye en sus novelas y relatos cortos, con tenacidad, la vida en la Albania comunista bajo el poder del partido único y del Dirigente (con mayúscula, como lo tenían que escribir los albaneses en esa época).

Conocemos el miedo, las purgas, las políticas de reeducación, las caídas en desgracia, los ostracismos tierra adentro, los encarcelamientos, la dureza de los planes quinquenales y demás características de los regímenes comunistas del siglo XX, desde Mao hasta Stalin, Tito o Ceaucescu; muchas voces críticas han gritado, rememorado, escrito y narrado historias sobre las desviaciones del sistema –si es que el sistema entero no era ya de por sí una desviación profundamente deshumanizadora-.

Las democracias occidentales nos jactamos de nuestra superioridad moral frente a los movimientos extremistas de partido único que subyugan a los ciudadanos empleando la intimidación y el brazo de hierro. Y, sin embargo, el poder –o sus detentadores, si preferimos sacar el concepto de la abstracción- no ha perdido ni un ápice de su pujanza. Simplemente, ahora persuade en lugar de amedrentar, ofusca en lugar de amenazar, ejerce presión económica en lugar de violencia física.

L de Libertad

En el relato “El vuelo de la cigüeña”, Kadaré narra un episodio vivido por un joven escritor. El protagonista decide ir a una ciudad de provincias a buscar a un poeta octogenario que, hace ya tiempo, fue apartado por el gobierno de la vida pública. Cuando va en el autobús, sufre un control policial tras otro hasta que, en el último, un civil que acompaña a los dos cabos del ejército le hace una sencilla pregunta ¿por qué va a usted a X –el pueblo en cuestión-? Él no sabe o no quiere contestar y se encoge de hombros, temiendo lo peor.

En el contexto de la historia, la pregunta forma parte del engranaje coaccionador del régimen. Pero, ¿no nos resulta familiar? En la aduana de muchos países, especialmente en Estados Unidos, no diría yo que preguntan, más bien indagan, hurgan y casi someten al visitante a un interrogatorio sobre los motivos de su viaje. Ni que decir tiene que gente de lo más corriente ha tenido que pasar varias horas en el cuarto policial del aeropuerto porque sospechaban, quién sabe por qué razón, de sus intenciones.

Pienso también en todos esos inmigrantes, cuyo color de piel los delata a ojos de los cuerpos de seguridad del Estado, que son requeridos por la policía mientras caminan tranquilamente por las calles de la ciudad.

Por no hablar de la amenaza a las libertades ciudadanas que supone la conocida como “Ley Mordaza”.

El comunismo fue un sistema político muy coercitivo (Budapest, coche aparcado en la ciudad vieja)

El comunismo fue un sistema político muy coercitivo (Budapest, coche aparcado en la ciudad vieja)

E de Empleo

En “Historia de la Liga Albanesa de Escritores frente al espejo de una mujer”, otra “micronovela” del escritor albanés, se celebra una asamblea en la que el potentado del Partido informa a los miembros de la liga de escritores de que, dado que no se merecen otra cosa por su mala praxis, van a reducirles el salario –una vez más- y van a enviarles al campo para que aprendan lo que es el realismo socialista.

La comparación puede parecer hiperbólica pero ¿no nos recuerda a nuestro mercado laboral, en el que los que menos cobran son siempre los que ven reducidos sus salarios? ¿Los contratos por semanas, días u horas no crean una inseguridad que se puede asimilar –salvando las distancias- a la que se vivía en los países comunistas? ¿Qué libertad personal se tiene con los turnos rotativos que cambian constantemente, las jornadas interminables llenas de horas extras no reconocidas ni pagadas, los empleos en los que se requiere que el trabajador acuda a horas salteadas cuando hay picos de demanda?

P de Producción

La obsesión comunista con la producción, con su incremento constante, me recuerda demasiado a todas esas empresas que, anualmente, tienen que incrementar sus beneficios en un 20 o un 30% para tener, dicen, a sus accionistas contentos. Caiga quien caiga y al precio que sea necesario.

La palabra productividad, que comparte protagonismo con el término especulación, es la reina en el mundo de los negocios. La tecnología y la automatización multiplican la productividad y, ya de paso, reducen el empleo y deshumanizan los procesos.

T de Trabajador

Recuerdo también ese discurso repetido ad infinitum por los líderes comunistas, los capataces y los encargados de fábricas, que tantas veces he leído, sobre la importancia de las personas y de humanizar los procesos, de construir la felicidad en el mejor de los mundos posibles en el que todos debían ser iguales. La fraternidad y el amor, la camaradería y el compañerismo eran los valores más importantes. Por supuesto, la realidad era bien distinta.

Hoy, en nuestros paraísos de cartón, el discurso es el mismo. Las frases que se repiten, martilleando nuestros cerebros, alaban el talento y la valía personal, insisten en el valor del componente humano, en la continua mejora del clima laboral (palabras textuales del discurso imperante). ¿Qué nos encontramos tras estas rimbombantes y bellas palabras? Justo lo contrario –en la mayoría de los casos-: empleados maltratados, hartos, reducidos a ser un número, mal pagados y en constante involución gracias a la rutinización de las tareas.

C de Corrupción

La corrupción de la intelligentsia, tan evidente a ojos de los subalternos y de parte de la población de los estados que vivieron bajo el comunismo, era ciertamente real pero se producía a pequeña escala –hablando de cifras- comparada con las cotas alcanzadas en el rico Occidente democrático y capitalista, no sólo en la política –la más llamativa y escandalosa- sino también en el entorno empresarial, con los bancos en vanguardia.

Sólo hace falta recordar las subprimes que han envenenado el sistema financiero mundial y otros productos bancarios como las preferentes de Bankia para darse cuenta de que el beneficio es lo único que importa. El egoísmo de muchas firmas las ha llevado a falsear sus cuentas –Abengoa, la CAM o GoWex por dar algunos ejemplos- e incluso a poner en riesgo la salud de la ciudadanía –cualquiera de los casos de productos retirados del mercado entre otros alimentos, juguetes, medicamentos o el muy mediatizado caso de las prótesis mamarias de la empresa francesa Poly Implant Prothèse-.

La corrupción se da en el mundo de la política, de la empresa o de la banca (centro Sony, Berlín, Alemania)

La corrupción se da en el mundo de la política, de la empresa o de la banca (centro Sony, Berlín, Alemania)

I de Interés

El amiguismo, el caciquismo y el clientelismo eran comunes en la época comunista –y antes también, sólo hay que echar un vistazo al siglo XIX español-. La diferencia entre aquellos tiempos y los nuestros es que ahora está bien visto, se financia abiertamente y se reconoce que se practica. Parece increíble pero no lo es en absoluto. Hoy en día, este fenómeno lleva el nombre de “lobby”. Son los lobbies los que presionan a los políticos para conseguir leyes que les favorezcan o, al menos, para que hagan la vista gorda para poder continuar actuando como monopolios u oligopolios, entre otras muchas prácticas muy alejadas del interés general.

Ahora pregunto, ¿de verdad creemos que vivimos en un tiempo tan diferente?

Cómo comprar un voto

Manual de instrucciones para manejar votantes en las elecciones venideras. Edición 2015.

Cobertura especial de la doble cita electoral: municipales y generales. Editorial: Canalla.

"Intachable", de Víctor Santos, una historia de género negro sobre la corrupción en España.

“Intachable”, de Víctor Santos, una historia de género negro sobre la corrupción en España.

Todo lo que necesita saber para (intentar) ganar las próximas elecciones: los secretos mejor guardados, las nuevas tendencias de adquisición de votos, los movimientos de los adversarios, las estrategias más sutiles y las más burdas.

¿Le preocupa el declive de su partido? (IU)

¿Tal vez cree que va a pagar el desgaste del gobernante? (PP)

¿Ha incumplido, quizás, alguna promesa y le puede pasar factura? (PP)

¿Cree que ha hecho un papel más bien discreto como oposición? (PSOE)

¿No despega su proyecto tras lustro y medio de empuje improductivo? (UpyD)

¿Sus cabezas de cartel han resultado salpicadas por sonados casos de corrupción? (…)

¿Fracasó su golpe de efecto nacionalista? (CiU)

¿Se ha quedado anclado en el pasado que, no cabe duda, “siempre fue mejor”? (PSOE)

¿Defiende a capa y espada la lucha contra la corrupción pero tiene un –presunto- garbanzo negro en su propia cúpula? (Podemos)

¿Se ve obligado a actuar cual funámbulo sobre la cuerda floja para ganar votos de aquí y de acullá? (Ciutadans/Ciudadanos)

¡No se inquiete, aquí tiene la solución! Entre las páginas del manual que está ojeando encontrará la solución a (algunos de) sus problemas.

[Nota: Sentimos informarle de que no hemos conseguido encontrar ninguna fórmula mágica para tapar, disimular o, mejor aún, borrar la huella dejada por ciertos profesionales de la política. No prometemos resultados óptimos en los siguientes casos: Rita Barberá tras 20 años en la cima y su último éxito de masas “la caloret”; la familia Pujol Ferrusola con sus –al menos- cuatro casos judiciales abiertos; Ana Botella y su –entre otras muchas meteduras de pata- “relaxing cup of café con leche”; el tándem Chaves-Griñán y su imperio andaluz de ERE’S, PAC’S y otras iniciativas pro-desempleo.]

"Intachable", de Víctor Santos, una historia de género negro sobre la corrupción en España.

“Intachable”, de Víctor Santos, una historia de género negro sobre la corrupción en España.

Situación A

Partido político de izquierdas, de rancio abolengo, que ha perdido toda la credibilidad que tenía y ve cómo van desapareciendo sus siglas, de forma paulatina, de las encuestas de intención de voto. Si ese es el caso de su partido, busque una figura conocida y respetada, del mundo de la cultura, más bien ajena a la política, de trayectoria intachable, desconocedera de los tejemanejes internos, las corruptelas y los favoritismos que llevan años hundiendo su imagen como partido.

Ejemplo práctico: Luis García Montero, poeta, se presenta por IU a la Comunidad de Madrid.

Situación B

Partido político en el poder. Tras tres años y medio de recortes sociales e intentos de privatización de los servicios públicos, se enfrenta a unas elecciones municipales en los que el voto de castigo puede costarle caro. En este caso, la publicidad es su aliada, utilice todos los canales posibles. Al principio, puede sentir cierta reticencia a mentir descaradamente, a adornar con desmesura sus escasos logros y a montar una campaña que, tal vez, resulte ofensiva para la sensibilidad del ciudadano medio, que puede sentirse insultado. No se preocupe, lo superará enseguida.

Ejemplo práctico: Comunidad de Madrid, la Suma de Todos; 1,4 millones de euros invertidos en la campaña “La mejor sanidad”.

Situación C

En los últimos años, su partido se ha dedicado a subir tanto los impuestos directos como los indirectos, ha favorecido a las clases acomodadas y ha castigado a las clases bajas y medias. Durante su cuatrienio de gobernanza, el nivel de vida ha descendido junto con los sueldos más bajos mientras que el número de créditos concedidos por las entidades bancarias ha caído en picado. El mercado interno carece de liquidez. En un arranque de generosidad, abra la mano, reparta prebendas y baje unas décimas los tipos impositivos.

Ejemplo práctico: bajada del IRPF sin concretar los porcentajes. En un sueldo de mil euros, el trabajador verá aumentar su sueldo en unos 7 u 8 euros mensuales lo que, indudablemente, es un respiro para la maltrecha economía familiar; ya puede comprar un kilo de pechugas de pollo más al mes.

Situación D

Las políticas de ahorro estatales, comunitarias y locales no sólo han llevado a su partido a intentar incrementar los ingresos a través de la recaudación de impuestos sino que ha sido necesario acabar con todas las ayudas, becas y proyectos de inversión pública que estaban vigentes. Aproveche la cercanía de las elecciones para publicitar un conjunto de ayudas, de duración y presupuesto muy limitado, para crear la sensación de que a los gobernantes les preocupa el (mal)estar de su pueblo.

Ejemplo práctico: recientemente, han reaparecido las ayudas al alquiler -200 euros mensuales si se cumplen los requisitos-; las subvenciones por el cambio de caldera; las ayudas para adaptar las antenas de la TDT; y una de mis favoritas, las subvenciones del ayuntamiento de Madrid al asociacionismo y las entidades ciudadanas para promover una ciudadanía activa –Ley Mordaza mediante, claro es-.

"Intachable", de Víctor Santos, una historia de género negro sobre la corrupción en España.

“Intachable”, de Víctor Santos, una historia de género negro sobre la corrupción en España.

Situación E

Tras perder la mayor parte del territorio nacional, su partido ocupa el escaño de la oposición. Pese a no gobernar en casi ningún lugar, los casos de corrupción florecen, se enredan y se multiplican por “generación espontánea”. Lo más sencillo, en este caso, es buscar un chivo expiatorio que cargue con las culpas, un personaje más bien antipático que haya perdido, con el paso del tiempo, las simpatías iniciales de las que gozaba.

Ejemplo práctico: véase la elegante defenestración política (y metafórica) de Tomás Gómez, el otrora candidato del PSOE a la Comunidad de Madrid, sospechoso de estar implicado en otro nuevo caso de corrupción, esta vez relacionado con el tranvía de Parla. Pedro Sánchez, cual Pilatos, se lava las manos tras la limpieza interna.

Queda una quincena para las elecciones andaluzas; dos meses para las municipales y algo más de medio año para las generales. Me deleito pensando con fruición en cuáles serán las nuevas estrategias de compra de voto que verán la luz en las próximas semanas.

El mito del populismo en el siglo XXI

Exposición de esculturas (región de Midi-Pyrenées, Francia)

Exposición de esculturas (región de Midi-Pyrenées, Francia)

Se habla de populismo en Europa, especialmente desde las últimas elecciones europeas y, sobre todo, ante los procesos electorales que tenemos por delante este año. Las elecciones en Grecia han provocado un seísmo en el viejo continente pero, no nos engañemos, todo el mundo parecía preparado: en la escala de Richter, no ha pasado de cinco grados. Ni siquiera los bien anclados cimientos liberales del Banco Central Europeo dan la sensación de haber sufrido un atisbo de desestabilización.

Las reacciones a favor y en contra del programa de Syriza, el partido de izquierda “radical” griego, inundan los medios de comunicación y la Red. Curiosamente –o no tanto-, han formado coalición con la derecha nacionalista, señal de que la barrera ideológica maniquea que separaba la derecha de la izquierda está en vías de desaparición, aunque a muchos políticos que llevan años viviendo de las rentas del miedo a los llamados radicalismos ideológicos les hayan dejado sin munición y desarmados.

A nadie le sorprende que haya sido el país heleno el que haya abierto la esclusa del cambio desde una política tradicional de corte bipartidista a otra realidad política poliédrica, multipartidista, llena de matices, en la que las minorías se convierten en mayorías y la calma chicha en marejada. Grecia, la primera democracia de la Historia –al modo antiguo, entendámonos-, es un país de funcionarios, agricultores y hosteleros, un esquema económico que casa mal con el modelo de economía capitalista occidental en el que la empresa privada es la reina y, sus súbditos, los ciudadanos que ejercen el triple rol de productores, empleados y consumidores.

El muy lucrativo juego internacional de la deuda pública, el Risk de los PIB’s, en el que siempre pierden los que menos tienen –sucede como en el mercado de valores, sería naif pensar lo contrario-, ha hecho de Grecia uno de los países más velozmente depauperados del mundo. Por supuesto que hay países y poblaciones mucho más pobres: en África hay 500 millones de personas muriéndose, literalmente, de hambre. Pero, salvo en los casos de guerras fratricidas –véase Siria en la actualidad o la antigua Yugoslavia en los años noventa-, no conozco ningún caso de empobrecimiento de la población, y del propio país, más metódico y expeditivo que el de Grecia. Portugal y España le van a la zaga, bastante por detrás, aún habiendo sido, hasta ahora, diligentes alumnos del FMI, la CEOE y la Europa de Merkel, Sarkozy y Durão Barroso. El caso de Islandia, que se vio abocada a la bancarrota en 2008, es un ejemplo, precisamente, de lo contrario: la lucha por la supervivencia de un Estado que ha conseguido evitar que los costes de la debacle financiera los pague la clase media.

Almuerzo en la calle amenizado con música en directo (Madrid, zona Ópera)

Almuerzo en la calle amenizado con música en directo (Madrid, zona Ópera)

La aparición de una miríada de partidos, a derecha e izquierda del estrecho espectro al que estábamos acostumbrados, se ha dado en llamar populismo. Antes tendíamos a denominarlo nacionalismo pero, desde que los ecos de la Internacional resuenan en los mítines de muchos de estos partidos, hemos tenido que cambiarle el adjetivo que los califica. Es el caso de Grecia con Syriza y Aurora Dorada; el de España con Podemos y Ciudadanos; el resurgimiento de Le Pen en Francia; Auténticos Finlandeses en el joven Estado nórdico, entre otros muchos.

La mayor parte de las ideas que proponen son tan antiguas como los problemas que intentan resolver: la permanencia o la salida de la Unión Europea; políticas contra la inmigración no cualificada; impago de la deuda externa; modificaciones en la fiscalidad, haciéndola más o menos progresiva; nacionalización de empresas; privatización del patrimonio del Estado… Nada nuevo, en realidad. Los partidos demócratas, socialistas y populares (en su acepción conservadora) llevan años comprando y vendiendo acciones en el mercado de las promesas electorales que no difieren en demasía de las consignadas un poco más arriba.

¿Cuál es la diferencia, entonces? Ésta radica, en mi opinión, en que los nuevos partidos, desconocidos, ajenos al poder hasta ahora, arribistas para algunos, podrían llevar a cabo –o intentarlo al menos- algunas de sus propuestas. Hasta ahora hemos estado seguros de que, fuera cual fuese el partido elegido de los dos que tenían posibilidades reales de gobernar, iba a seguir políticas semejantes a las de su oponente: de talante conservador, poco arriesgadas, basadas en los mismos principios económicos; en fin, disímiles, tan sólo, en apariencia. Eso era antes de la crisis, antes del empobrecimiento, antes de los rescates bancarios, de los desahucios, del desempleo a largo plazo de dos dígitos, de la educación y la sanidad para el que pueda pagárselas, de la corrupción generalizada en todos los escalafones de la vida pública, del desaliento y la pérdida de la esperanza.

Eso era antes, no hace tantos años –aunque parezca que ha pasado una eternidad-, cuando había mucho que perder –pensaba la clase media-, cuando los padres esperaban que sus hijos tuvieran una vida mejor que la suya; esos hijos que, ahora, viven de la pensión del abuelo, de trabajitos temporales mal pagados, sin cotizar a la Seguridad Social, de la beneficencia o de unos subsidios misérrimos. A la respuesta ciudadana, política y social, a esta situación la llaman populismo ¡y no lo es!