Envidia de Islandia

Islandia se levanta, España mete la cabeza bajo tierra (carretera en Islandia)

Islandia se levanta, España mete la cabeza bajo tierra (carretera en Islandia)

Lo reconozco, tengo envidia de la ciudadanía de Islandia, mucha envidia. Está feo, ¿no? Esto de sentir envidia de otras personas, digo. Pero es que no lo puedo remediar. Miro a España, le echo un vistazo a la “Unión Europea”, giro la cabeza hacia Estados Unidos, Sudamérica; hasta Australia llega mi mirada. Pero no hay caso, por mucho que mire y remire y busque y rebusque, veo la misma niebla, la misma oscuridad, idéntica atmósfera en la que se mezclan desordenados la corrupción, el latrocinio, la desvergüenza y la pasividad.

Sé que Islandia no es la panacea. Sé que su régimen político, su democracia, su legislación y su sistema judicial son imperfectos. Incluso soy capaz de reconocer que los ciudadanos islandeses están lejos de ser seres virtuosos que toman siempre las mejores decisiones. Lo sé. Precisamente es este conocimiento el que hace que me den ganas de echarme a llorar cuando comparo Islandia con España. Lágrimas de pena, de rabia, de frustración, lágrimas amargas, lágrimas que se me escapan de los ojos sin querer, arrastradas por su propio peso.

Pero no sólo me entristece nuestra situación, esa España de la cuchufleta, del cazo egipciforme (que tan bien ilustraba Forges) y el robo -a espuertas- de guante blanco. Sobre todo me da vergüenza, tanta como envidia le tengo a los islandeses. O sea, mucha, muchísima vergüenza.

Viñeta de Forges, cazo egipciforme, corrupción

Viñeta de Forges, cazo egipciforme, corrupción

Me avergüenza oír al presidente del gobierno decir que la corrupción en España (generalizada y constante) “son cosas que pasan” mientras que el primer ministro islandés ha dimitido en menos de 48 horas tras salir a la luz que había constituido una empresa en las Islas Vírgenes, paraíso fiscal, paraíso del blanqueo de dinero, de ese dinero de los impuestos que los que más tienen no pagan.

Llegados a este punto, no sé qué pensar de la financiación ilegal del PP, de los papeles de Bárcenas, del caso Gürtel, ¿alguien se los ha inventado o son reales y lo irreal es que nadie parezca tener responsabilidad alguna en estas tramas?

Me da vergüenza ver que, mientras los deportistas de élite, los políticos, los banqueros, los empresarios y demás ricachones acumulan millones en cuentas opacas y eluden pagar la mínima cantidad de impuestos, los ciudadanos de a pie sufren el recorte brutal de los servicios públicos, las subvenciones, los presupuestos para la educación o la sanidad, en fin, el desmantelamiento del Estado del Bienestar, construido con las aportaciones, vía impuestos directos e indirectos, de esa misma ciudadanía.

Paraísos fiscales, corrupción, cuentas opacas, papeles de Panamá

Paraísos fiscales, corrupción, cuentas opacas, papeles de Panamá

Me avergüenza que la banca española vocee urbi et orbi su supuesto compromiso con el pequeño ahorrador mientras que lo maltrata a base de comisiones y tipos de interés elevados, justamente a esos clientes que ganan 600 o 1000 euros al mes, que apenas llegan para pagar los servicios básicos de luz, agua o gas (que, por otra parte, no hacen más que subir). Por el contrario, a las grandes fortunas las asesora para que evadan impuestos, para multiplicar la rentabilidad de sus millones, para acogerse a amnistías fiscales.

Hablando de amnistías fiscales, ¡qué vergüenza amnistiar a los ricos para recaudar 1.200 millones de euros de los 40.000 millones que aparecieron de repente, saliendo de sus escondrijos en Suiza y otros paraísos! A la clase media y baja, más que amnistiarles, se les pone bajo la lupa de Hacienda, no vaya a ser que dejen de pagar 100 euros de IVA o del impuesto de Sociedades.

Vergüenza me da que una funcionaria de la Seguridad Social me comente que los inspectores del organismo, en lugar de dedicarse a perseguir, por ejemplo, a las empresas que contratan falsos autónomos, se dedican a hostigar y multar a las personas que, en Navidades, ponen una mesita en una plaza e intentan vender las cuatro prendas que han tejido, con cariño y mucha paciencia, durante el año.

Las ciudades financieras, dentro de las ciudades que habitamos, donde sólo se aplica la ley del más fuerte y del que más tiene

Las ciudades financieras, dentro de las ciudades que habitamos, donde sólo se aplica la ley del más fuerte y del que más tiene

Con todo este sentimiento de vergüenza encima, apenas puedo moverme. Supongo que es lo que le pasa a la mayor parte de los ciudadanos españoles. Sólo puedo ir, una vez cada cuatro años, a votar a los de siempre, porque dicen que van a cambiar, porque dicen que la corrupción son cuatro manzanas podridas en el cesto, de las que hay que deshacerse.

Con este peso insoportable sobre mi alma, no puedo echarme a la calle a protestar. Sólo puedo ir al bar y pedir unas cañas y unas raciones; sólo puedo ir de compras a algún megacentro comercial o a alguna tienda de marca conocida a ahogar mis penas tarjeta en ristre y bolsas en mano.

Con esta pesadumbre flotando en  mi cabeza, me es imposible ni tan siquiera pensar que, tal vez, haya otras opciones, otras formas de ver la vida, otras filosofías. No me queda otra que continuar con mi banco de toda la vida, mis marcas de toda la vida, mi nivel de consumo de toda la vida, mi partido político de toda la vida, mi sindicato de toda la vida, mi pasividad de toda la vida.

Ni voz ni voto ni interés ni ganas.

Ya tengo suficientes problemas y complicaciones, no quiero más.

Como dice el presidente en funciones, Mariano Rajoy, “esas cosas pasan”.

¿O será que permitimos que pasen?

Nuevos tiempos, viejas prácticas

El sistema ahora persuade en lugar de amedrentar, ofusca en lugar de amenazar, ejerce presión económica en lugar de violencia física (graffiti sobre el muro de Berlín, Andrej Sacharow)

El sistema ahora persuade en lugar de amedrentar, ofusca en lugar de amenazar, ejerce presión económica en lugar de violencia física (graffiti sobre el muro de Berlín, Andrej Sacharow)

 

Ismael Kadaré, escritor albanés, eterno candidato al premio Nobel de Literatura, reconstruye en sus novelas y relatos cortos, con tenacidad, la vida en la Albania comunista bajo el poder del partido único y del Dirigente (con mayúscula, como lo tenían que escribir los albaneses en esa época).

Conocemos el miedo, las purgas, las políticas de reeducación, las caídas en desgracia, los ostracismos tierra adentro, los encarcelamientos, la dureza de los planes quinquenales y demás características de los regímenes comunistas del siglo XX, desde Mao hasta Stalin, Tito o Ceaucescu; muchas voces críticas han gritado, rememorado, escrito y narrado historias sobre las desviaciones del sistema –si es que el sistema entero no era ya de por sí una desviación profundamente deshumanizadora-.

Las democracias occidentales nos jactamos de nuestra superioridad moral frente a los movimientos extremistas de partido único que subyugan a los ciudadanos empleando la intimidación y el brazo de hierro. Y, sin embargo, el poder –o sus detentadores, si preferimos sacar el concepto de la abstracción- no ha perdido ni un ápice de su pujanza. Simplemente, ahora persuade en lugar de amedrentar, ofusca en lugar de amenazar, ejerce presión económica en lugar de violencia física.

L de Libertad

En el relato “El vuelo de la cigüeña”, Kadaré narra un episodio vivido por un joven escritor. El protagonista decide ir a una ciudad de provincias a buscar a un poeta octogenario que, hace ya tiempo, fue apartado por el gobierno de la vida pública. Cuando va en el autobús, sufre un control policial tras otro hasta que, en el último, un civil que acompaña a los dos cabos del ejército le hace una sencilla pregunta ¿por qué va a usted a X –el pueblo en cuestión-? Él no sabe o no quiere contestar y se encoge de hombros, temiendo lo peor.

En el contexto de la historia, la pregunta forma parte del engranaje coaccionador del régimen. Pero, ¿no nos resulta familiar? En la aduana de muchos países, especialmente en Estados Unidos, no diría yo que preguntan, más bien indagan, hurgan y casi someten al visitante a un interrogatorio sobre los motivos de su viaje. Ni que decir tiene que gente de lo más corriente ha tenido que pasar varias horas en el cuarto policial del aeropuerto porque sospechaban, quién sabe por qué razón, de sus intenciones.

Pienso también en todos esos inmigrantes, cuyo color de piel los delata a ojos de los cuerpos de seguridad del Estado, que son requeridos por la policía mientras caminan tranquilamente por las calles de la ciudad.

Por no hablar de la amenaza a las libertades ciudadanas que supone la conocida como “Ley Mordaza”.

El comunismo fue un sistema político muy coercitivo (Budapest, coche aparcado en la ciudad vieja)

El comunismo fue un sistema político muy coercitivo (Budapest, coche aparcado en la ciudad vieja)

E de Empleo

En “Historia de la Liga Albanesa de Escritores frente al espejo de una mujer”, otra “micronovela” del escritor albanés, se celebra una asamblea en la que el potentado del Partido informa a los miembros de la liga de escritores de que, dado que no se merecen otra cosa por su mala praxis, van a reducirles el salario –una vez más- y van a enviarles al campo para que aprendan lo que es el realismo socialista.

La comparación puede parecer hiperbólica pero ¿no nos recuerda a nuestro mercado laboral, en el que los que menos cobran son siempre los que ven reducidos sus salarios? ¿Los contratos por semanas, días u horas no crean una inseguridad que se puede asimilar –salvando las distancias- a la que se vivía en los países comunistas? ¿Qué libertad personal se tiene con los turnos rotativos que cambian constantemente, las jornadas interminables llenas de horas extras no reconocidas ni pagadas, los empleos en los que se requiere que el trabajador acuda a horas salteadas cuando hay picos de demanda?

P de Producción

La obsesión comunista con la producción, con su incremento constante, me recuerda demasiado a todas esas empresas que, anualmente, tienen que incrementar sus beneficios en un 20 o un 30% para tener, dicen, a sus accionistas contentos. Caiga quien caiga y al precio que sea necesario.

La palabra productividad, que comparte protagonismo con el término especulación, es la reina en el mundo de los negocios. La tecnología y la automatización multiplican la productividad y, ya de paso, reducen el empleo y deshumanizan los procesos.

T de Trabajador

Recuerdo también ese discurso repetido ad infinitum por los líderes comunistas, los capataces y los encargados de fábricas, que tantas veces he leído, sobre la importancia de las personas y de humanizar los procesos, de construir la felicidad en el mejor de los mundos posibles en el que todos debían ser iguales. La fraternidad y el amor, la camaradería y el compañerismo eran los valores más importantes. Por supuesto, la realidad era bien distinta.

Hoy, en nuestros paraísos de cartón, el discurso es el mismo. Las frases que se repiten, martilleando nuestros cerebros, alaban el talento y la valía personal, insisten en el valor del componente humano, en la continua mejora del clima laboral (palabras textuales del discurso imperante). ¿Qué nos encontramos tras estas rimbombantes y bellas palabras? Justo lo contrario –en la mayoría de los casos-: empleados maltratados, hartos, reducidos a ser un número, mal pagados y en constante involución gracias a la rutinización de las tareas.

C de Corrupción

La corrupción de la intelligentsia, tan evidente a ojos de los subalternos y de parte de la población de los estados que vivieron bajo el comunismo, era ciertamente real pero se producía a pequeña escala –hablando de cifras- comparada con las cotas alcanzadas en el rico Occidente democrático y capitalista, no sólo en la política –la más llamativa y escandalosa- sino también en el entorno empresarial, con los bancos en vanguardia.

Sólo hace falta recordar las subprimes que han envenenado el sistema financiero mundial y otros productos bancarios como las preferentes de Bankia para darse cuenta de que el beneficio es lo único que importa. El egoísmo de muchas firmas las ha llevado a falsear sus cuentas –Abengoa, la CAM o GoWex por dar algunos ejemplos- e incluso a poner en riesgo la salud de la ciudadanía –cualquiera de los casos de productos retirados del mercado entre otros alimentos, juguetes, medicamentos o el muy mediatizado caso de las prótesis mamarias de la empresa francesa Poly Implant Prothèse-.

La corrupción se da en el mundo de la política, de la empresa o de la banca (centro Sony, Berlín, Alemania)

La corrupción se da en el mundo de la política, de la empresa o de la banca (centro Sony, Berlín, Alemania)

I de Interés

El amiguismo, el caciquismo y el clientelismo eran comunes en la época comunista –y antes también, sólo hay que echar un vistazo al siglo XIX español-. La diferencia entre aquellos tiempos y los nuestros es que ahora está bien visto, se financia abiertamente y se reconoce que se practica. Parece increíble pero no lo es en absoluto. Hoy en día, este fenómeno lleva el nombre de “lobby”. Son los lobbies los que presionan a los políticos para conseguir leyes que les favorezcan o, al menos, para que hagan la vista gorda para poder continuar actuando como monopolios u oligopolios, entre otras muchas prácticas muy alejadas del interés general.

Ahora pregunto, ¿de verdad creemos que vivimos en un tiempo tan diferente?

Cómo comprar un voto

Manual de instrucciones para manejar votantes en las elecciones venideras. Edición 2015.

Cobertura especial de la doble cita electoral: municipales y generales. Editorial: Canalla.

"Intachable", de Víctor Santos, una historia de género negro sobre la corrupción en España.

“Intachable”, de Víctor Santos, una historia de género negro sobre la corrupción en España.

Todo lo que necesita saber para (intentar) ganar las próximas elecciones: los secretos mejor guardados, las nuevas tendencias de adquisición de votos, los movimientos de los adversarios, las estrategias más sutiles y las más burdas.

¿Le preocupa el declive de su partido? (IU)

¿Tal vez cree que va a pagar el desgaste del gobernante? (PP)

¿Ha incumplido, quizás, alguna promesa y le puede pasar factura? (PP)

¿Cree que ha hecho un papel más bien discreto como oposición? (PSOE)

¿No despega su proyecto tras lustro y medio de empuje improductivo? (UpyD)

¿Sus cabezas de cartel han resultado salpicadas por sonados casos de corrupción? (…)

¿Fracasó su golpe de efecto nacionalista? (CiU)

¿Se ha quedado anclado en el pasado que, no cabe duda, “siempre fue mejor”? (PSOE)

¿Defiende a capa y espada la lucha contra la corrupción pero tiene un –presunto- garbanzo negro en su propia cúpula? (Podemos)

¿Se ve obligado a actuar cual funámbulo sobre la cuerda floja para ganar votos de aquí y de acullá? (Ciutadans/Ciudadanos)

¡No se inquiete, aquí tiene la solución! Entre las páginas del manual que está ojeando encontrará la solución a (algunos de) sus problemas.

[Nota: Sentimos informarle de que no hemos conseguido encontrar ninguna fórmula mágica para tapar, disimular o, mejor aún, borrar la huella dejada por ciertos profesionales de la política. No prometemos resultados óptimos en los siguientes casos: Rita Barberá tras 20 años en la cima y su último éxito de masas “la caloret”; la familia Pujol Ferrusola con sus –al menos- cuatro casos judiciales abiertos; Ana Botella y su –entre otras muchas meteduras de pata- “relaxing cup of café con leche”; el tándem Chaves-Griñán y su imperio andaluz de ERE’S, PAC’S y otras iniciativas pro-desempleo.]

"Intachable", de Víctor Santos, una historia de género negro sobre la corrupción en España.

“Intachable”, de Víctor Santos, una historia de género negro sobre la corrupción en España.

Situación A

Partido político de izquierdas, de rancio abolengo, que ha perdido toda la credibilidad que tenía y ve cómo van desapareciendo sus siglas, de forma paulatina, de las encuestas de intención de voto. Si ese es el caso de su partido, busque una figura conocida y respetada, del mundo de la cultura, más bien ajena a la política, de trayectoria intachable, desconocedera de los tejemanejes internos, las corruptelas y los favoritismos que llevan años hundiendo su imagen como partido.

Ejemplo práctico: Luis García Montero, poeta, se presenta por IU a la Comunidad de Madrid.

Situación B

Partido político en el poder. Tras tres años y medio de recortes sociales e intentos de privatización de los servicios públicos, se enfrenta a unas elecciones municipales en los que el voto de castigo puede costarle caro. En este caso, la publicidad es su aliada, utilice todos los canales posibles. Al principio, puede sentir cierta reticencia a mentir descaradamente, a adornar con desmesura sus escasos logros y a montar una campaña que, tal vez, resulte ofensiva para la sensibilidad del ciudadano medio, que puede sentirse insultado. No se preocupe, lo superará enseguida.

Ejemplo práctico: Comunidad de Madrid, la Suma de Todos; 1,4 millones de euros invertidos en la campaña “La mejor sanidad”.

Situación C

En los últimos años, su partido se ha dedicado a subir tanto los impuestos directos como los indirectos, ha favorecido a las clases acomodadas y ha castigado a las clases bajas y medias. Durante su cuatrienio de gobernanza, el nivel de vida ha descendido junto con los sueldos más bajos mientras que el número de créditos concedidos por las entidades bancarias ha caído en picado. El mercado interno carece de liquidez. En un arranque de generosidad, abra la mano, reparta prebendas y baje unas décimas los tipos impositivos.

Ejemplo práctico: bajada del IRPF sin concretar los porcentajes. En un sueldo de mil euros, el trabajador verá aumentar su sueldo en unos 7 u 8 euros mensuales lo que, indudablemente, es un respiro para la maltrecha economía familiar; ya puede comprar un kilo de pechugas de pollo más al mes.

Situación D

Las políticas de ahorro estatales, comunitarias y locales no sólo han llevado a su partido a intentar incrementar los ingresos a través de la recaudación de impuestos sino que ha sido necesario acabar con todas las ayudas, becas y proyectos de inversión pública que estaban vigentes. Aproveche la cercanía de las elecciones para publicitar un conjunto de ayudas, de duración y presupuesto muy limitado, para crear la sensación de que a los gobernantes les preocupa el (mal)estar de su pueblo.

Ejemplo práctico: recientemente, han reaparecido las ayudas al alquiler -200 euros mensuales si se cumplen los requisitos-; las subvenciones por el cambio de caldera; las ayudas para adaptar las antenas de la TDT; y una de mis favoritas, las subvenciones del ayuntamiento de Madrid al asociacionismo y las entidades ciudadanas para promover una ciudadanía activa –Ley Mordaza mediante, claro es-.

"Intachable", de Víctor Santos, una historia de género negro sobre la corrupción en España.

“Intachable”, de Víctor Santos, una historia de género negro sobre la corrupción en España.

Situación E

Tras perder la mayor parte del territorio nacional, su partido ocupa el escaño de la oposición. Pese a no gobernar en casi ningún lugar, los casos de corrupción florecen, se enredan y se multiplican por “generación espontánea”. Lo más sencillo, en este caso, es buscar un chivo expiatorio que cargue con las culpas, un personaje más bien antipático que haya perdido, con el paso del tiempo, las simpatías iniciales de las que gozaba.

Ejemplo práctico: véase la elegante defenestración política (y metafórica) de Tomás Gómez, el otrora candidato del PSOE a la Comunidad de Madrid, sospechoso de estar implicado en otro nuevo caso de corrupción, esta vez relacionado con el tranvía de Parla. Pedro Sánchez, cual Pilatos, se lava las manos tras la limpieza interna.

Queda una quincena para las elecciones andaluzas; dos meses para las municipales y algo más de medio año para las generales. Me deleito pensando con fruición en cuáles serán las nuevas estrategias de compra de voto que verán la luz en las próximas semanas.

El mito del populismo en el siglo XXI

Exposición de esculturas (región de Midi-Pyrenées, Francia)

Exposición de esculturas (región de Midi-Pyrenées, Francia)

Se habla de populismo en Europa, especialmente desde las últimas elecciones europeas y, sobre todo, ante los procesos electorales que tenemos por delante este año. Las elecciones en Grecia han provocado un seísmo en el viejo continente pero, no nos engañemos, todo el mundo parecía preparado: en la escala de Richter, no ha pasado de cinco grados. Ni siquiera los bien anclados cimientos liberales del Banco Central Europeo dan la sensación de haber sufrido un atisbo de desestabilización.

Las reacciones a favor y en contra del programa de Syriza, el partido de izquierda “radical” griego, inundan los medios de comunicación y la Red. Curiosamente –o no tanto-, han formado coalición con la derecha nacionalista, señal de que la barrera ideológica maniquea que separaba la derecha de la izquierda está en vías de desaparición, aunque a muchos políticos que llevan años viviendo de las rentas del miedo a los llamados radicalismos ideológicos les hayan dejado sin munición y desarmados.

A nadie le sorprende que haya sido el país heleno el que haya abierto la esclusa del cambio desde una política tradicional de corte bipartidista a otra realidad política poliédrica, multipartidista, llena de matices, en la que las minorías se convierten en mayorías y la calma chicha en marejada. Grecia, la primera democracia de la Historia –al modo antiguo, entendámonos-, es un país de funcionarios, agricultores y hosteleros, un esquema económico que casa mal con el modelo de economía capitalista occidental en el que la empresa privada es la reina y, sus súbditos, los ciudadanos que ejercen el triple rol de productores, empleados y consumidores.

El muy lucrativo juego internacional de la deuda pública, el Risk de los PIB’s, en el que siempre pierden los que menos tienen –sucede como en el mercado de valores, sería naif pensar lo contrario-, ha hecho de Grecia uno de los países más velozmente depauperados del mundo. Por supuesto que hay países y poblaciones mucho más pobres: en África hay 500 millones de personas muriéndose, literalmente, de hambre. Pero, salvo en los casos de guerras fratricidas –véase Siria en la actualidad o la antigua Yugoslavia en los años noventa-, no conozco ningún caso de empobrecimiento de la población, y del propio país, más metódico y expeditivo que el de Grecia. Portugal y España le van a la zaga, bastante por detrás, aún habiendo sido, hasta ahora, diligentes alumnos del FMI, la CEOE y la Europa de Merkel, Sarkozy y Durão Barroso. El caso de Islandia, que se vio abocada a la bancarrota en 2008, es un ejemplo, precisamente, de lo contrario: la lucha por la supervivencia de un Estado que ha conseguido evitar que los costes de la debacle financiera los pague la clase media.

Almuerzo en la calle amenizado con música en directo (Madrid, zona Ópera)

Almuerzo en la calle amenizado con música en directo (Madrid, zona Ópera)

La aparición de una miríada de partidos, a derecha e izquierda del estrecho espectro al que estábamos acostumbrados, se ha dado en llamar populismo. Antes tendíamos a denominarlo nacionalismo pero, desde que los ecos de la Internacional resuenan en los mítines de muchos de estos partidos, hemos tenido que cambiarle el adjetivo que los califica. Es el caso de Grecia con Syriza y Aurora Dorada; el de España con Podemos y Ciudadanos; el resurgimiento de Le Pen en Francia; Auténticos Finlandeses en el joven Estado nórdico, entre otros muchos.

La mayor parte de las ideas que proponen son tan antiguas como los problemas que intentan resolver: la permanencia o la salida de la Unión Europea; políticas contra la inmigración no cualificada; impago de la deuda externa; modificaciones en la fiscalidad, haciéndola más o menos progresiva; nacionalización de empresas; privatización del patrimonio del Estado… Nada nuevo, en realidad. Los partidos demócratas, socialistas y populares (en su acepción conservadora) llevan años comprando y vendiendo acciones en el mercado de las promesas electorales que no difieren en demasía de las consignadas un poco más arriba.

¿Cuál es la diferencia, entonces? Ésta radica, en mi opinión, en que los nuevos partidos, desconocidos, ajenos al poder hasta ahora, arribistas para algunos, podrían llevar a cabo –o intentarlo al menos- algunas de sus propuestas. Hasta ahora hemos estado seguros de que, fuera cual fuese el partido elegido de los dos que tenían posibilidades reales de gobernar, iba a seguir políticas semejantes a las de su oponente: de talante conservador, poco arriesgadas, basadas en los mismos principios económicos; en fin, disímiles, tan sólo, en apariencia. Eso era antes de la crisis, antes del empobrecimiento, antes de los rescates bancarios, de los desahucios, del desempleo a largo plazo de dos dígitos, de la educación y la sanidad para el que pueda pagárselas, de la corrupción generalizada en todos los escalafones de la vida pública, del desaliento y la pérdida de la esperanza.

Eso era antes, no hace tantos años –aunque parezca que ha pasado una eternidad-, cuando había mucho que perder –pensaba la clase media-, cuando los padres esperaban que sus hijos tuvieran una vida mejor que la suya; esos hijos que, ahora, viven de la pensión del abuelo, de trabajitos temporales mal pagados, sin cotizar a la Seguridad Social, de la beneficencia o de unos subsidios misérrimos. A la respuesta ciudadana, política y social, a esta situación la llaman populismo ¡y no lo es!

Picaresca

Antiguo mercado de La Cebada

Antiguo mercado de La Cebada

No son las manzanas, es el cesto” es el título de una columna de opinión que he encontrado hoy en El País digital. Está relacionada con la que el diario ha considerado la noticia del día, la puesta en marcha del llamado Portal de la Transparencia. Me ha llamado la atención el encabezamiento de la columna: “No es que los alemanes o los nórdicos no puedan ser pícaros, es que gozan de instituciones bien diseñadas que no dejan espacio a la posibilidad de picaresca”.

Tras leer el texto completo, admito que estoy de acuerdo con la tesis del autor, pero sólo con la segunda parte: es el cesto, sí, el cesto es el culpable o el causante de este manantial de corrupciones y corruptelas en el que vivimos inmersos. Son las instituciones, el sistema electoral, la mala costumbre de que decidan los de arriba; en fin, la falta de democracia, o sea, de participación de los de abajo o de los que, como cualquier ciudadano, no formamos parte de la tela de araña que forma la política y sus profesionales –por denominarlos de alguna manera neutra aunque, con gusto, utilizaría un término más bien despectivo-.

La culpa es del sistema

Sucede que como lo que no funciona es el sistema, los que participamos en él quedamos eximidos de toda responsabilidad: somos las manzanas con las que se hace la sidra -o la compota o el zumo- aunque, en realidad, supongo que preferiríamos ser manzanas que pudieran decidir sobre su futuro. Ah, pero esto no es posible, el sistema nos lo impide; ergo, hay que cambiar el sistema. El “como” se me escapa, me pregunto si tenemos que esperar a que sean los propios políticos los que lo hagan; ahora es cuando me da la risa y tengo que dejar de escribir.

Recupero el hilo: estoy de acuerdo con que las superestructuras están por encima de los ciudadanos de a pie, de los trabajadores –en el caso de las empresas-, de los súbditos –en el caso de las monarquías-, de los fieles –en el caso de las iglesias- y así ad infinitum. No son eternas ni indestructibles pero, seamos sinceros, es una tarea ardua el derribarlas o modificarlas. Nos queda el consuelo de que, al menos, evolucionan.

Pero hablemos aquí de una de esas superestructuras que no suele tratarse como tal y que, en  mi opinión, está a la altura tanto del “marco económico” como del cacareado “orden mundial”: la educación, la historia, lo vivido, la costumbre. No me atrevo a llamarlo esencia porque, de ese modo, parecería invariable y no lo es.

Estatua ubicada en un claro de un bosque en Nikko (Japón)

Estatua ubicada en un claro de un bosque en Nikko (Japón)

El “ser” español

Empecemos por el principio. En el terreno de las generalizaciones, nos vemos obligados a abandonar todas esas peculiaridades que, como individuos, nos hacen únicos. En este caso, no nos queda más remedio que olvidarnos de los regionalismos, las diferencias de clase, de ingresos, de nivel de escolarización, de desarrollo industrial y comercial y de tantas otras características que matizan y enriquecen.

Hablemos del conjunto, de los españoles como noción genérica; de un pueblo que ha sido, durante siglos, cristiano –católico-; de un país que se fue formando a base de encolar reinos de uno u otro rey; de una tierra tomada, invadida o, simplemente, habitada por celtas, griegos, romanos, visigodos, árabes, judíos y, ya en la edad moderna, hasta franceses. España conquistada y conquistadora, según el siglo; lugar de acogida o brazo de hierro utilizado para la expulsión; campo de batalla por la independencia o cementerio de una guerra fratricida.

Tenemos tanta Historia que hay enciclopedias de decenas de tomos dedicadas a plasmarla que no llegan a conseguirlo más que de forma resumida. Son, precisamente, todos los capitulos de esta Historia los que nos han hecho ser como somos, a nosotros, los españoles, y a nuestras instituciones, porque los políticos que tenemos ahora no se han generado espontáneamente de la nada sino que beben del caciquismo, del clientelismo, del nepotismo que salpican siglos pasados. ¿El bipartidismo es una excrecencia del sistema actual? Preguntémosle a Cánovas del Castillo quien consideró que el ”mal menor” consistía en repartirse, por turnos, el poder con los liberales, liderados por Sagasta.

Barrio del Conde Duque, Madrid (entrada a un café)

Barrio del Conde Duque, Madrid (entrada a un café)

Picaresca, uso y abuso

En cuanto a la mentada  picaresca, me temo que no es un lugar común ni una etiqueta falaz: el español es pícaro en mucha mayor medida que, retomando los ejemplos del artículo de El País, los nórdicos o los alemanes. Al Lazarillo, la picaresca le sirvió para sobrevivir; tal vez a los españoles nos haya servido, durante cientos de años, y nos sirva aún, en nuestros días de crisis y paro cuasi a perpetuidad, justo para eso, para sobrevivir.

Si ha perdurado durante tantísimo tiempo es por alguna razón profunda, enraizada en la vida; en este caso, bien está. Pero, como todo, tiene un reverso oscuro, ofrece la posibilidad del abuso. Es ésta la picardía que pudre las manzanas: la que corrompe, la que acepta regalos por favores, la que lleva al ”enchufismo”, la que vacía de sentido el verbo “dimitir”, la que prefiere la trampa o el engaño a pagar el precio que se pide. Es la misma picardía que otorga (triste) realidad a la repetida apostilla “aquí el que puede, se aprovecha”, en el sentido de “se aprovecha en detrimento de alguien o algo”.

Las mimbres del cesto están podridas, sí, pero no las han corrompido ni la lluvia ni el viento ni el sol, agentes externos: la gangrena comienza en el interior, en nuestras biografías, las históricas, las presentes y las por venir. Siendo así, no tenemos que esperar a que sean los demás los que cambien: tenemos que hacerlo nosotros mismos.